Opinión: Cunego, el Príncipe que no pudo ser Rey

Por @pmpalermo

Pareciera que fue ayer, cuando un apuesto jovencito rubio irrumpió en el mundo del ciclismo a lo grande durante el Giro de Italia 2004. Allí, no sólo se llevó el título con apenas 22 años, sino que además, recolectó cuatro parciales en el proceso y se plantó ante toda una institución como Gilberto Simoni, su capitán.

Algo más de 13 años pasaron desde que Damiano Cunego fuera tildado de «bastardo ignorante» por el capo de Saeco, y mucha agua corrió bajo el puente. Tanta, que el por entonces popular «Pequeño Príncipe», anunció en las últimas horas su retiro para 2018, sin que ello ocasionara revuelo alguno.

Muchos pueden ser los motivos que apagaron paulatinamente la llama de Cunego, un talento innegable que fue de mayor a menor, ofreciendo lo mejor de su repertorio cuando apenas se hacía hombre. ¿Presión? ¿Vigilancia? ¿Rivales extremada y sospechosamente superiores? Sólo él tiene la respuesta.

La realidad marca que nunca cumplió la expectativas. Señalado como el nuevo gran vueltómano de una generación, el diminuto Damiano jamás pudo ratificar lo que prometía en rondas de tres semanas, alcanzando algunos top 10 más en el Giro y uno en el Tour, aunque sin entrar realmente en la pelea por el título.

Posiblemente, sin que esto implique desmerecer su conquista máxima, la corona en el Giro se debió a que se conjugó una forma fantástica al factor sorpresa y la libertad que nunca más encontró. Razón factible, que explicaría perfectamente por qué no pudo reeditar un podio del género.

No obstante ello, el de Cerro Veronese enseñó aptitudes excepcionales en pruebas de un día, maquillando un palmarés envidiable para un enorme porcentaje del pelotón, aunque quizás insuficiente para alguien que prometía tanto.

Tres ediciones de Il Lombardía, una Amstel Gold Race, un subcampeonato Mundial, etapas en la Vuelta o una Klasika Primavera, son apenas una muestra de lo que el Campeón del Ranking UCI 2004 tenía en las piernas.

Piernas que dijeron basta hace mucho, porque tampoco puede obviarse que la segunda mitad de su periplo profesional ha sido prácticamente anónimo, con seis dianas secundarias en las últimas siete temporadas.

Ocasionalmente acechado por la sombra del dopaje, el italiano nunca dio positivo y siempre se habló de él como uno de los «limpios», pero fue investigado por la Fiscalía de Mantua junto al resto de su equipo -Lampre- por una supuesta implicación en una red sospechosa durante los años 2008 y 2009. Casualmente, los que indicaron el comienzo de su debacle.

Absuelto de todos los cargos -no así Ballan y otros acusados- Damiano mostró los últimos destellos de la figura que no fue, con sendos 6° lugares en el Tour 2011 y el Giro 2012, luego de lo cual se convirtió decididamente en uno más del pelotón.

Damiano Cunego fue una estrella, un ciclista con un potencial sensacional, al que se le pretendió imponer la responsabilidad de renovar a una generación tan gloriosa como salpicada, por el mismo mal que afectó a la mayoría durante esa época.

No sólo eso, sino que su explosión se produjo poco después de la muerte de Marco Pantani, un ícono del deporte pedal y, obviamente, de Italia, generando aún más lastre sobre los ya cargados hombros de quien luego sería el Mejor Joven del Tour 2006.

Polivalente como pocos, capaz de imponerse en clásicas o vueltas, buen escalador y con un sprint bestial, tuvo todo para completar la transición de Príncipe a Rey. Desde la apariencia, el equipo, la prensa y la clase, hasta lo más importante, el talento. Lamentablemente, las circunstancias y su cabeza hicieron el resto, extendiendo en demasía una carrera que debió terminar hace un lustro y que, finalmente, tendrá su epílogo en 2018.

Pablo Martín Palermo

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2 comments for “Opinión: Cunego, el Príncipe que no pudo ser Rey

  1. Víctor Melchor
    18 noviembre, 2017 at 12:07 am

    Sobresaliente análisis, Pablo. Felicitaciones y te sigo y seguiré leyéndote. Saludos.

  2. Diego F.
    18 noviembre, 2017 at 7:11 pm

    Me acuerdo del año en que ganó el Giro, tenía una tremenda facilidad para distanciar a los rivales. Muy buen análisis Pablo, solo Cúnego sabe qué lo fue mermando. Un caso como el de él muestra que siempre hay que tener cuidado con los rótulos rimbombantes y con ponerle mucha presión a corredores para que reemplacen a aquellos grandes que se retiran. Italia tuvo una gran cantidad de jóvenes, tal vez no tan exitosos como Cúnego, que amagaban a más y se quedaron en poco.

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