Opinión: Depende de Froome

Por @pmpalermo

Ganó Romain Bardet y Fabio Aru es nuevo líder del Tour, pero la noticia no son ellos. Chris Froome, intratable tirano durante años, exhibió unos momentos de debilidad cuando nadie lo esperaba y encendió las esperanzas de todo el resto.

Foto: Team Sky / TDWSport.com

Si bien Froome sufrió alguna vez en 2013 y 2015, siempre fue en la última semana, con la carrera sentenciada a su favor y un buen colchón de tiempo en el que apoyarse. Contrario a dichas ocasiones, hoy perdió el maillot amarillo ante otro jefe de filas y en un parcial montañoso.

Ahora bien, hay que contextualizar lo sucedido. Para empezar, no es lo mismo desfallecer en un embalaje cuesta arriba tipo muro de las Ardenas y con 214 kilómetros en las piernas, que hundirse. Una es ocasional, la otra un síntoma.

Posiblemente, en un día tan largo, haya sufrido el ritmo de sus propios compañeros, porque nadie está exento de ello. Una pequeña “pájara” no sería ilógica, pero lejos estuvo esto de ser una debacle en toda regla. La diferencia es que la primera puede sucederle a cualquiera por motivos tan diversos como un error al comer, clima, etc, mientras que la segunda es un indicativo mayor, se produce anticipadamente y marca el nivel de las reservas en rojo. Quintana, fatigado por el Giro, sería un ejemplo de eso último.

Froome preparó el Tour específicamente y lo normal es que mañana tome la salida supercompensado. “No tuve piernas al final, en rampas del 20%. Sin excusas”, explicó, entregando alguna señal en ese sentido.

Tanto han dominado el “keniata” y Sky este último lustro que, con apenas unos segundos malos, se ha montado una película en torno a su condición física en la que el desenlace lo tiene enterrado. Se nota que hay ganas de Tour y de sangre fresca, ya que los que hoy dudan son los mismos que siguen dando crédito a otros, por mucho menos.

Está bien que así sea para los aficionados, pero no para quienes debemos ser objetivos. Dije desde Dauphiné que Froome crecería en la semana decisiva y aún creo en ello. Sin embargo, esperaba más de él y dudo que encuentre esas aceleraciones brutales con las que liquidaba a sus oponentes. La carrera está viva, aunque no tanto como quieren creer.

Múltiples factores respaldan al tricampeón del Tour y han quedado tan expuestos como los segundos de zozobra de este en Peyragudes:

  1. le tienen miedo o, como mínimo, un excesivo respeto.
  2. sin estar a tope, cuenta con un gran equipo.
  3. los rivales de mayor entidad están sin piernas.
  4. los principales oponentes son muy jóvenes.
  5. fuerzas igualadas.
  6. la contrarreloj de la etapa 20.

Analicemos punto por punto:

1- Habiendo visto que no es el de antaño, los contrincantes no se animan a probarlo sino hasta los metros conclusivos. Viajan a rueda y, por caso, lo esperan en situaciones como el despiste de hoy, en el que no había razón alguna para dejarlo volver.

No sólo eso, sino que, tras tener a sus gregarios todo el parcial tirando, Froome no atacó donde se esperaba, indicativo de que no estaba seguro de sí mismo.

2- Mucho se habló de la fortaleza del Sky, que así y todo, se las ha ingeniado para llegar al cierre de cada etapa con superioridad numérica. Landa, Nieve y Kwiatkowski están sólidos, y siempre está latente el regreso de los demás, gente de mucho nivel.

3- Con respeto por todo el pelotón, los nombres de más peso después de Froome eran Porte, Contador y Quintana. Ya se sabe cómo acabó el primero, y el calvario que están pasando los otros dos. Ganar una de las grandes requiere más que vatios: experiencia para afrontar situaciones de presión, tomar decisiones, suerte, conocimientos tácticos, etc.

4- Justamente eso se encadena con la juventud de los restantes ocupantes del cajón y principales retadores, Aru y Bardet. Grandes atletas que acumulan entre ambos un sólo campeonato en rondas de tres semanas. Es más, en caso de querer incluir a Urán, el otro con piernas de podio, la ecuación permanecería igual.

5- Se especula con la fragilidad del capitán de Sky, pero sus adversarios no van sobrados. Resta mucho por desandar hasta París y, a diferencia del pupilo de Brailsford, más de uno ingresa a terreno desconocido en términos de forma, sin olvidar que todos ostentan un día muy malo en su historial y el británico aún está por conocerlo.

6- Aún en el peor escenario para Froome, sigue siendo el mejor contrarrelojista entre los capitanes y, casi que del Tour. Ya mostró en el pasado su capacidad sobre la cabra y los escaladores tienen fresco en la memoria lo vivido por Quintana en el reciente Giro de Italia. Saquen sus conclusiones…

Por ahora, hay Tour

En definitiva, nada está dicho y sobran razones para ilusionarse. Hay Tour…

… porque Froome ha mostrado limitaciones temprano en el evento, situación casi insólita que quedará en nada si en la otra vereda no ponen de su parte. Es más, con tantos atenuantes en su contra, la balanza sigue inclinada del lado de quien ahora marcha 2°.

Dicho sea de paso, podría ser negocio no recuperar el amarillo mañana, dejando al Astana la responsabilidad de tirar en jornadas venideras.

… porque los retadores actuales tienen hambre y más coraje que los que se presentaron en las ediciones anteriores, están finos y les toca enfrenar la versión más vulnerable que se conozca de “Froomey”.

… porque, si bien beneficia al campeón defensor, es la edición con menos crono de la historia.

… siempre y cuando los aspirantes crean en sí mismos y, a la inversa que muchos otros, salgan a ganar en vez de hacerlo a no perder.

¿Será el inicio del declive del “keniata”? ¿Habrá equivocado la preparación? Las dudas surgen y abren la incógnita de cara al futuro. Pero en lo inmediato, las circunstancias lo respaldan y es él quien debe perder la carrera para que otros la ganen.

Froome tiene crédito. Se lo ganó y merece el beneficio de la duda como se lo dimos antes a Quintana o Contador. Los grandes campeones no dan el brazo a torcer tan fácil y esconden en su interior un plus que los hace lo que son.

Por eso, lejos de creer que hoy mostró una grieta real, estoy seguro que ya planea su revancha. Tocado en su orgullo, molesto por la sensación de debilidad con la que alimentó la moral de sus rivales, saldrá a hacer daño ante la primera ocasión que tenga.

Pablo Martín Palermo

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