Valverde y las grandes: una historia de amor y odio

Por @pmpalermo

Alejandro Valverde es uno de los mejores ciclistas del mundo y no descubrimos nada con esta afirmación, ya que por palmarés y prestaciones, es más sencillo decir lo que le falta conseguir que lo que ya tiene.2008+Tour

Pero proveniente de una cultura que adora las grandes vueltas, parece que el murciano estuviera en deuda, ya que no tiene una buena relación con las carreras de tres semanas, en las que siempre le pasa algo que le impide ganar o acabar más arriba, pese a que se hizo con la Vuelta en 2009, vistió de amarillo en Francia y obtuvo algunos parciales.

Quitando la desgracia de hace unas horas, enseguida vienen a la mente incidentes como el sufrido en la Vuelta 2004, cuando se cayó y estuvo cerca de abandonar el día que Zabriskie se marcó una crono de 100 kilómetros, o tal vez, en la misma carrera en 2008, cuando bajó a buscar un chubasquero y terminó perdiendo más de 3´en el descenso del Alto del Caracol.

Ni hablar la tendinitis provocada por un golpe en la crono que lo apartó del Tour 2005, cuando era sensación absoluta tras su triunfo sobre Armstrong en Courchevel, o al año siguiente, cuando se cayó en la tercera jornada camino de Valkenburg.

Uno tras otro, los percances en las grandes vueltas se acumulan en el historial de Alejandro Valverde casi tan rápido como las victorias en su palmarés, a punto tal que parece que pesara una maldición sobre él.

Como todo ser humano, también puede fallar, y así le sucedió en 2006, cuando sucumbió ante Vinokourov en la 17º jornada quizás por un error estratégico o por no haber colocado un plato más grande, tras haber liderado una semana.

En 2007 por lo menos logró finalizar la grande bouclé, hasta ese momento un karma para él, y lo hizo en el top ten, pero nunca estuvo con los mejores en los momentos clave, lo mismo en 2008 cuando al menos se quedó con dos etapas,para finalizar el año quinto en la Vuelta, sumando otra diana.

Por lo menos en 2009 brilló como nunca en la carrera de su país, fue puntero los 13 días finales y se quedó con autoridad por encima de Samuel Sánchez y Cadel Evans, quitándose por fin la maldición de encima.

Para terminar el recuento, el año pasado, tras cumplir su sanción, obtuvo su cuarto triunfo de etapa en el Tour y sobre todo, dio un salto de calidad en la Vuelta, en la que finalizó segundo de Contador dejando una excelente imagen, aunque nuevamente el infortunio se hizo presente en forma de caída, perdiendo el liderazgo en el trayecto entre Baracaldo y Valdezcaray.

Que quede claro que no se trata de buscar errores al murciano, si no más bien, contar que un poco por mala suerte, otro poco por desconcentración o cansancio por disputar de febrero a septiembre, siempre se frustran sus planes, sobre todo en lo que al Tour refiere.

Para un corredor normal terminar entre los mejores diez de una ronda de tres semanas sería algo extraordinario, y quizás aquellos que atacan a Valverde pierden la noción de su grandeza justamente por eso, por sus increíbles cualidades para el ciclismo, esas que lo destinaron a brillar desde pequeño, cuando lo llamaban «El Imbatido».

Posiblemente el capitán de Movistar vuelva a concluir en los puestos de honor del Tour en curso, y desde mañana mismo, en el Mont Ventoux, tendrá la oportunidad de redimirse, pero lo que es seguro es que un año más, pasó el tren y «el Bala» no lo tomó.

Pablo Martín Palermo

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