Análisis: Cabezazos, sprint y jefes de fila, un cóctel explosivo

Por @pmpalermo

Nacer Bouhanni ganó la etapa 1 del Critérium du Dauphiné al sprint y es noticia. En realidad, esto no tendría nada extraño si se tiene en cuenta el talento y antecedentes del galo. Sin embargo, esa misma situación, es merecedora hoy de un análisis adicional porque el de Cofidis se llevó la gloria “matoneando” a sus rivales.

Foto: @Gerardo_Sports
Foto: @Gerardo_Sports

Párrafo aparte para la “buena suerte” de Chris Froome, partícipe de un capítulo más de la eterna puja entre velocistas y jefes de fila en los kilómetros conclusivos de las etapas llanas, que añadió un poco de picante al nervioso arribo a Saint-Vulbas.

Con el boxeo a otra parte

Pero vamos por partes. En lo que a la resolución del embalaje refiere, no quedó ninguna duda al ver las imágenes respecto a la condición física de Bouhanni, quien hubiera podido ganar sin apelar a técnicas sucias o, en todo caso, habría acabado 2° detrás de Kristoff, quien tocó rueda con Guarnieri y casi se fue al suelo.

Nadie critica el coraje y ganas del velocista de Cofidis, que salió decidido a homenajear al difunto Muhammad Alí -su ídolo cuando era boxeador- pero se tomó demasiado en serio la tarea y brindó un espectáculo patético en el que, tanto él como sus compañeros, aplicaron una dosis de excesiva violencia propia de otros deportes.

No somos puritanos y hemos estado en situaciones del género, por lo que sabemos que un codazo o cabezazo es de lo más normal a la hora de pelear por una posición privilegiada a 200 pulsaciones por minuto y a 60 km/h. Pero aparecer de improviso y ejercer esa violencia de modo grupal y sistémico, es un plan premeditado que merece el peor de los castigos sin importar el apellido del responsable.

Los últimos kilómetros de la etapa fueron nerviosos, y es normal que así sea cuando se trata del primer embalaje y en el inicio de un evento, ya que todos van con fuerzas y ávidos de alzar los brazos.

En ese contexto, Katusha ingresó al kilómetro final apareado al tren de Cofidis y hasta aplicando también algún cabezazo, para ponerse al frente una vez que Kristoff y su corpulencia primaron sobre el ex boxeador. La volata sería un mano a mano entre ellos dos, como tantas otras veces, y el incidente del noruego simplemente abrió el camino a Bouhanni, pero el daño estaba hecho.

Y esto no se trata simplemente de una violación a las reglas o un mal ejemplo a los más jóvenes. Lo más grave del sprint en cuestión fue la irresponsabilidad para con los colegas, en un año que ya se cobró varias víctimas en el pelotón y amenaza con sumar otra.

Luego se amontonan los corredores para exigir por mejores normas de seguridad a los organizadores. Válido y necesario, así como también debe serlo el comportamiento de cada uno en carrera.

Afortunadamente, el malestar colectivo se sintió en las redes, con voces muy fuertes en contra de lo acontecido como las de Andre Greipel (Lotto Soudal) o Roy Curvers (Giant), quienes saben de estas cuestiones y se mostraron muy críticos por los reiterados golpes con la cabeza vistos en Saint-Vulbas.

Párrafo aparte para los jueces, que son capaces de aplicar el reglamento con la máxima rigurosidad ante un gesto amistoso como el de prestar una rueda a un rival (Clarke y Porte en el Giro 2015), pero hacen la vista gorda ante un espectáculo digno de una película de acción, con tres hombres de rojo cabeceando por doquier.

No será ni la primera ni la última vez que se viva un hecho de estas características en un sprint, por lo que la actuación de quienes ejercen la justicia se torna crucial de cara a terminar con los matones. Y sobre todo, para proteger a los fuertes y a la vez frágiles ciclistas, que ya de por sí enfrentan todo tipo de peligros en la ruta como para tener que cuidarse también de sus propios colegas.

Jefes de fila + sprint: desgracia en ciernes

Como si el embalaje no hubiera sido lo suficientemente caótico por los bríos de los propios velocistas, se sumó al cóctel la presencia de los equipos de los favoritos al título, quienes temerosos de perder tiempo, se colaron en la fiesta de los reyes de la velocidad.

La discusión no es nueva, y estarán los que abogen en defensa de los escaladores adelante del lote en pleno sprint, como los que opinen lo contrario. Y desde este espacio nos encontramos en el segundo grupo.

No somos ajenos a la importancia de viajar bien ubicado, circunstancia que, por caso, salvó a Chris Froome en el Tour 2015 de quedar cortado camino de Zelande en el grupo donde se hundió Nairo Quintana, quizás, perdiendo allí el campeonato.

Pero una cosa no quita la otra y, una vez dentro de la “zona segura” que implica la marca de 3 kilómetros a meta (donde se neutralizan las pérdidas en caso de caída), los gallos deberían retrasarse un poco, justo por detrás de los trenes de lanzamiento, y dejar vía libre a los sprinters.

Esto dejaría un poco más libre el terreno para los hombres rápidos y, en caso de producirse un corte, la pérdida de tiempo de los escaladores sería respecto a los velocistas. Adicionalmente, habría mayor seguridad, porque a nadie escapa la falta de técnica de los gallos para moverse en el llano a velocidades extremas.

Incluso, tal como el propio Froome demostró hoy, los delgados jefes de fila correrían menos riesgos para su integridad física, porque no es lo mismo si cae un atleta musculoso y habituado a ello que si lo hace un esquelético grimpeur.

Para algún desprevenido que se perdió la escena, sucedió a 2300 metros del arribo, justo antes del comienzo de la pelea entre Katusha y Cofidis. El capo de Sky se salvó dos veces de ver su temporada terminada por estar en un lugar tan avanzado e inadecuado para él en un sprint como la quinta rueda.

Más ducho y habituado, Contador pasó el día sin percances, pero lo mismo se aplica a su persona y al resto de favoritos. Ojalá los pedalistas dejen de tratar de sacar ventaja en situaciones de riesgo y se pongan de acuerdo para levantar el pie del acelerador en los 3000 metros conclusivos de cada parcial llano.

Los títulos se ganan o se pierden en cronos y montañas y no dentro de los últimos tres kilómetros planos de carrera, espacio por el que los sprinters esperaron y trabajaron durante horas para lucirse unos pocos segundos.

A continuación, el video en el que pueden apreciarse todos los hechos aquí ponderados:

Pablo Martín Palermo

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