Análisis: El bueno era Adam Yates

Por @pmpalermo

Corría 2013 y el ciclismo británico de ruta estaba en su apogeo con los títulos de Wiggins y Froome para Sky en el Tour de Francia, sin olvidar el suceso de Sir Brad en los Juegos Olímpicos del año previo y las incontables dianas de Mark Cavendish a lo largo y ancho del calendario.adam yates

Con sus estrellas en plenitud, la nueva camada de ciclistas ingleses crecía con tranquilidad y de a poco probaban las mieles del profesionalismo con los colores del conjunto insignia de la isla. Josh Edmondson, Peter Kennaugh o Luke Rowe fueron algunos de los que dieron el salto por esas fechas, pero en el seno del conjunto británico se hablaba hasta el cansancio de dos que pedían pista: Simon y Adam Yates.

Simon era el prospecto más apreciado y Wiggo llegó a decir que se trataba de la nueva estrella del ciclismo de Gran Bretaña. No era para menos, puesto que venía de ser Campeón mundial de pista en la carrera por Puntos y luego 10° en el Tour del Porvenir, donde se impuso en dos jornadas montañosas, mientras que su hermano era 2° en la general pero no recibía el mismo crédito.

Antes de eso, Simon clasificó 10º en la Flecha del Sur, Internationale Thüringen Rundfhart sub23 y Tour de República Checa, fue 9º en la An Post Ras y  8º en el campeonato Nacional, para cerrar el 2013 en el Tour de Gran Bretaña, donde consiguió el 3° lugar de la general y una impactante victoria en la subida a Haytor frente a rivales como Dan Martin, Nairo Quintana o el propio Wiggins.

El siguiente paso lógico para él, como producto de la Academia de ciclismo Británica, era el fichaje por los de Brailsford, pero éstos dudaron y Orica se llevó a su joya rumbo al hemisferio sur junto a su hermano, para darles tiempo de trabajo sin presiones, de cara a un futuro que se vislumbraba promisorio. Aquí hay que señalar que Adam venía de formarse en la escuela francesa, con el CC Etupes.

Pero la nueva etapa en el World Tour cambió las cosas y se produjo la explosión de Adam, el menos afamado de los dos, hasta ese entonces a la sombra de Simon, en teoría el más talentoso. Adam firmó un 2014 fantástico para un neo profesional, con varios top 10 como los conseguidos en San Luis y Catalunya antes de quedarse con el Tour de Turquía.

Lejos de desinflarse, viajó al Tour de California, clasificó 4º en las dos llegadas en alto y 5º en la general, para seguir su periplo en Dauphiné, prueba en la que culminó 8º en Col du Beal, 3º en La Mure, 3º en Courchevel y 6º en la tabla principal, redondeando una excelente demostración frente a los mejores pedalistas del planeta. Todo esto con apenas 21 años, muestra evidente del tesoro que consiguió Orica ante el descuido de Sky.

Adam luego añadiría el triunfo en GP Industria y algunos top 10 en pruebas de un día aprovechando el pico de forma, pero la labor estaba hecha y el de Manchester se había consolidado en la máxima categoría, sentando las bases para convertirse en un jefe de filas sólido para Orica en vueltas de una semana.

El 2015 comenzó por la misma senda con su actuación en la Tirreno Adriático, evento World Tour en el que se midió de igual a igual con las grandes estrellas del circuito, llegando 7° en Terminillo junto a Contador y compañía a 55 segundos de Quintana. El inglés concluyó 9° el evento y podría decirse que dio un paso más en su crecimiento debido a la entidad de los oponentes, la (para él) temprana fecha del año y el resultado obtenido.

Esto no quiere decir que Simon sea malo ni mucho menos; hay que recordar que su campaña de estreno en el conjunto aussie estuvo marcada por una clavícula rota, pero además y pese a lo que se esperaba, sus características se adaptan más a las clásicas de las Ardenas o competencias con colinas y allí podría dar que hablar en breve.

Por supuesto que con 22 años puede desarrollarse como un atleta fiable en carreras de varios días, pero hoy es Adam el vueltómano confirmado y, sobre todo, quién no parece sentir el cambio de categoría, porque hay que reconocer que los resultados de uno y otro distan abismalmente, llevándonos a afirmar que la estrella era él y no su pariente.

Es que Adam tiene todo para transformarse en la próxima figura del ciclismo británico y lo ha demostrado: cabeza, talento y margen de progreso, sin olvidar que el equipo lo lleva de a poco, buscando sus límites sin quemarlo pero al mismo tiempo, incitándolo a avanzar sin miedo y con respaldo, como sucedió en la Carrera de los Dos Mares donde fue designado capitán.

Y no pueden obviarse las dantescas condiciones climáticas afrontadas en Terminillo, donde gente de experiencia y nivel flaqueó, mientras que nuestro joven protagonista maravillaba a propios y extraños, tal como reconoció su director Matt White, una vez concluida la carrera. Casi en simultáneo, Simon pasaba inadvertido en París Niza.

El futuro en las grandes y ¿Sky?

Todavía no se sabe mucho más del programa de competencias, pero a diferencia de 2014, seguramente pasará por citas del máximo nivel, donde podrá seguir fogueándose con las estrellas camino de su debut en el Tour de Francia, hoy un poco lejos de sus capacidades, pero necesario y suficiente para elevar aún más sus umbrales.

Hay que recordar que su deuda pendiente, por llamarla de algún modo, son las grandes vueltas, ya que se estrenó en la ronda española pasada y la terminó, pero sólo eso. Sin embargo, de mantener una progresión acorde a lo que viene mostrando, no será extraño que en los próximos años luche contra Quintana, Froome, Aru y los jefes de fila de turno en las mismas.

Claro está que para eso, además de lidiar con las presiones derivadas de la capitanía, tendrá que sostener y mejorar su escalada y, fundamentalmente, trabajar mucho en las cronos, su talón de Aquiles, que le costó el 6° escalón de la tabla principal en Tirreno tras ceder un minuto en apenas 10 kilómetros.

Paralelamente, la cuestión pasa por saber quién recogerá los frutos de sus esfuerzos, porque luego de perderlo a manos de los australianos, Sky volverá a la carga en algún momento para corregir la historia. Los de negro deberán apelar a su inagotable billetera, pero también garantizar a esta incipiente estrella un calendario acorde a sus expectativas, porque no es ningún secreto que el nueve titular vive por y para Froome y que sobran los gallos en ese corral.

En lo inmediato, seguirá su desarrollo, sin prisa pero sin pausa, mezclándose en la pelea allí donde compita y confirmando que, con todo el respeto que Simon merece y tras vivir durante años a su sombra, el bueno de la pareja de hermanos era él, que dejó de ser promesa y ya es una realidad.

Pablo Martín Palermo

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