André Greipel, el instinto del sprinter

Por @amatiz12

El sprinter es un corredor único sobre el resto del pelotón. Es una modalidad que exige un trabajo distinto, pero también virtudes que por alguna u otra razón, sólo se engendran siendo velocista, que conducen a olfatear, ver y sentir cosas diferentes. Son bondades que en sí proporcionan un instinto inigualable y determinante para el éxito de quienes apuestan por las llegadas masivas. André Greipel siempre tuvo claro que esa era la clave.

Según la RAE el instinto se define como el “móvil atribuido a un acto, sentimiento, etc., que obedece a una razón profunda, sin que se percate de ello quien lo realiza o siente”. Palabras más, palabras menos, algo que usted hace por pura sensación, más no guiado por una lógica fácil de entender.

El instinto es tan determinante en un sprint, porque es la fortaleza a la que recurren quienes lo disputan para triunfar, ¿cómo? Fácil, como es algo que acontece en un abrir y cerrar de ojos, no existe opción de hacerlo con cabeza fría, de realizar un análisis detallado para saber cuál es la mejor forma de ganar o algo parecido. Es cuestión de apelar a esas sensaciones inexplicables para tener éxito.

“El ciclismo se está volviendo cada vez más científico. Todo el mundo está pensando en números ahora. Muchos ciclistas ya no toman sus decisiones, el equipo lo decide principalmente todo”, decía el alemán al portal Cyclist al ser preguntado sobre la evidente evolución de la práctica.

Al corredor en los últimos 300 metros de un embalaje no le dicen desde el coche “Muévase a la derecha, salga por el medio, haga esto”. Es un esfuerzo de segundos, fugaz, que no da el espacio suficiente para ejecutarlo con instrucciones de terceros segundo a segundo. Requiere de la autonomía de quien está demarrando y lo que sienta que es lo mejor. Y precisamente por ser ese ejercicio tan poco duradero, que no da tiempo ni de pensar, hace que quien tenga esa capacidad de decidir correctamente en esa fracción de segundos, tenga un mérito que pocos en el mundo puedan emparejar.

Todo lo expuesto lo ratifica André, partidario de que el ciclista se conoce mejor que nadie y que por ende le conviene más decidir por propia cuenta que a esperar lo que le indiquen otros para hacer. La vieja escuela. “Desde mi punto de vista, creo que es muy importante escucharte a ti mismo cuando corres, para tomar tus propias decisiones también. Así que trato de formarme mis propias ideas y seguir mis propios instintos, que son los que siempre he usado”. 

Como toda especialidad en el ciclismo, el sprint es una balanza equilibrada entre fuerza e inteligencia. Así como de nada serviría ser tan astuto si no se tienen piernas, tampoco es útil mover los mejores vatios entre todos si no se utilizan adecuadamente. Motor y cabeza, esa mezcla que cuando se disuelve, empieza a verse reflejada en sequía de triunfos.

“Sencillamente, he perdido mi instinto como sprinter. Cuando esprinto en los entrenamientos sigo moviendo los mismos datos que en mis mejores años”, explicaba en su ocaso con el Arkéa-Samsic, donde la edad puede volverse algo que impulse a no correr los mismos riesgos que cuando se tenía 25 años.

Intentando encontrar alguna explicación racional a ese complejo instinto que caracteriza a los hombres de velocidad, se puede desglosar de esta manera. El velocista necesita ser contundente y preciso, dar el zarpazo en el momento adecuado y hacerlo con la convicción total de que una vez llegue a los mil y pico de vatios, va a ser insuperable, de que su potencia no la alcanzará ningún otro.

Es poseer ese don de rematar, de que cuando llega el momento el pedalista está ahí y ¡pam! Asesta el golpe cuando se debe. Es esa actitud de killer, la que está en actividad máxima en el techo de cada una de las leyendas de esta modalidad, como Greipel. La que los hace estar enchufados, ganando constantemente y que se ha construido por ir encontrando cada vez más, el eje de su instinto. “Creo que para hacer un sprint, necesitas tener un instinto matador”, concuerda nuestro laureado.

11 etapas del Tour de Francia, 7 del Giro d’Italia, 4 de la Vuelta a España, más otras 55 repartidas en el Tour Down Under, Tour de Bélgica, Tour de Turquía, Tour de Polonia, Eneco Tour, entre otros certámenes, relucen en el palmarés del teutón que apostó siempre por hacer caso a su instinto y que lo convirtió en otro de los mejores exponentes en la historia de los arribos masivos.

El ciclismo seguirá evolucionando y cada vez se encontrarán más herramientas para perfeccionar el sprint. Seguramente algunas de ellas le resten independencia en la toma de decisiones a los corredores, pero quiéranlo o no, lo que nunca va a cambiar es que la viveza, astucia e impacto de la percepción no justificada seguirán haciendo parte de los embalajes y por ello será importante no despegarse de ese instinto al que Greipel siempre vio como la llave de la gloria. “Tengo la mente abierta a nuevas formas de trabajar, pero al final siempre recurro a mis instintos”.

Alejandro Matiz

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2 pensamientos sobre “André Greipel, el instinto del sprinter

  1. Excelente nota, se va otra leyenda de esta generación, el gorila alemán. Ahora Cavendish quedará como el más ganador en activo!

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