Cuando Chris Froome no era nadie

Por Oscar Trujillo Marín

“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”. Así empieza la maravillosa novela autobiográfica de la escritora danesa Karen Blixen, “memorias de África” quien como colona, blanca, europea inmortalizó los paisajes, exuberancia, costumbres y problemas de los habitantes de las montañas de Kenia durante su época colonial subordinada al imperio británico, a principios del siglo pasado. El libro fue llevado al cine de manera magistral, preciosa por Sidney Pollack (Out of Africa) en 1985 con la soberbia actuación de Meryl Streep y Robert  Redford.

Muy cerca de esas mismas montañas de tierra rojiza y cubierta de una infinita gama de verdes en plena África tropical, hijo de dos inmigrantes ingleses (Clive y Jane) oriundos de Brighton, que por motivos laborales se habían radicado allí pocos años atrás, nació en el mismo año (1985) que se estrenó la película Chris Froome. El más destacado ciclista de ruta en lo que va de siglo y uno de los más grandes vueltómanos de la historia.

Pocos meses antes de los 12 años, el aún niño Christopher recibió de regalo una pesada bicicleta de montaña con marco de hierro por la que desarrollo especial afición. Solía salir por horas con algunos amigos a correr sin mayores pretensiones por los montañosos campos aledaños a Nairobi. Por esa época hizo amistad con un ciclista de la zona, David Kinhaj, quien le causó mucha admiración, le animó y dio los primeros consejos para perfeccionar su técnica en las bajadas y regular los esfuerzos al subir.

Las bicicletas eran precarias y Chris, en sí mismo, era una excentricidad andante, al ser el único niño blanco de un “grupeto” de jovencitos negros. En esa interacción con sus compañeros y amigos de salidas, el adolescente Froome se propuso aprender Swahili y también un poco de kikuyo para ser aceptado y conocerlos mejor.

Aunque a finales de los noventas vivía en un país pobre y en vías de desarrollo como lo era, y aún es Kenia, su familia contaba con ciertas comodidades. Fue enviado por sus padres a los 16 años a Johanesburgo, Sudáfrica, para que terminara la secundaria en uno de los mejores internados del continente africano. Incluso, una vez concluyó el instituto (bachillerato), a los 18, llegó a cursar un par de años de Economía pero abandonó. Su deseo de ser ciclista era muy poderoso y sus padres decidieron no poner reparos al menos para que lo intentara mientras se estrellaba con la cruda realidad y retomaba su carrera.

Estando en Sudáfrica siguió entrenando y corriendo a nivel amateur procurándose ya un equipamiento mejor. Empezó compitiendo en algunas pruebas del calendario casi exclusivamente aficionado de ese país sin mucha tradición ciclística, no ganó mucho. Bueno, más bien nada. Pero sí demostraba unas grandes condiciones cuando la carretera picaba para arriba. En 2006, gracias a la poca competencia de nivel en su país natal por los cupos, pudo representar a Kenia en los mundiales de ciclismo de Salzburgo. Aunque, todo hay que decirlo, tuvo que financiarse su propia participación y gerenciar en primera persona el equipo ya que la federación ni los apoyó, ni tenía recursos para hacerlo. Siguiendo con su tónica de resultados no destacó en absoluto en la cita mundialista.

Ya contando con 22 años, en 2007 logró ser tenido en cuenta para formar parte del único equipo continental que existía en Sudáfrica, el Konica Minolta que corría el poco competitivo calendario UCI africano y eventualmente era invitado a algunas pruebas menores en Europa. Ganó una etapa en el desaparecido Giro de las Regiones de Italia, una prueba que hoy sería 2.2, (la más baja categoría UCI) y la solían correr ciclistas muy jóvenes. También una etapa en el exótico Tour de Japón y fue tercero en los Panafricanos de ruta.

Ese mismo año, gracias a que él y algunos de sus compañeros del Konica entrenaban con Robert Hunter (ciclista profesional sudafricano que por esa época corría en Europa en el Barloworld) por recomendación de este, que algo bueno le vería al keniata, Chris consiguió probarse con ese mismo equipo profesional británico siendo, contra todo pronóstico, aceptado.

Y fue así como llegó a la primera división mundial sin mayor palmarés, ni brillante trayectoria juvenil que lo respaldara, más allá de una voluntad y ganas de ser ciclista colosales, unas evidentes condiciones y fondo natural para la escalada cuando lo probaban en los entrenamientos, bueno, y es de suponer que le caía bien a la gente por su extrema educación, entrega y disciplina.

En 2008 gracias a ser descendiente de ingleses se nacionalizó británico, y ya con el pasaporte del ex imperio incluso fue convocado para los mundiales de Varese, Italia, donde su presencia pasó, por supuesto, de nuevo inadvertida. Participó por primera vez en una gran vuelta integrando el Barloworld para el Tour de Francia, ocupando la casilla 84 a más de dos horas y cuarto del vencedor Carlos Sastre.

En el 2009 su máximo logro fue una etapa ganada en la desparecida carrera sudafricana 2.2 (de cuarta categoría y nombre gangsterirl desafortunado) “el Giro del capo”, también participó en su primer Giro de Italia finalizando en el puesto 36 a 1 hora y 15 minutos del ganador, Dennis Menchov. Ya en octubre corrió su primer mundial de crono terminando en el puesto 18 a más de 4 minutos de Fabian Cancellara.

Al finalizar su contrato con Barloworld a pesar de haber tenido un par de cursos más bien calamitosos, nada destacados, Chris Froome una vez más… ¡se volvió a caer para arriba!. Un ojeador de un tipo loco galés llamado David Brailsford apostó de forma inexplicable por él, (sabrá su Dios por qué) para lo poco que había demostrado. Brailsford necesitaba completar la plantilla con algún joven súbdito de Isabel y tras ver el informe decide ficharlo. Algo bueno le vería.

Por esos días el visionario manager galés de olfato demasiado agudo para el ciclismo (y los buenos negocios) preparaba el asalto a la máxima categoría del pedalismo mundial con un equipo mayoritariamente británico compuesto -eso sí- por brillantes pisteros del equipo nacional sin mayor experiencia ni lustre en ruta. Recién reconvertidos para la ocasión. Acompañados por gregarios de bajo caché en su momento y jóvenes corredores anónimos sin una ficha muy alta. El astuto galés intuyó en un corredor africano, blanco, desgarbado, tímido, súper educado, de 25 años, muy alto, flaco y con una antiestética e inquietante manera de pedalear (para colmo con palmarés muy pobre en sus tres temporadas como profesional) al gran campeón del futuro.

O quizás no. Por que en el 2010, ya en las filas del Sky y con 26 años, Froome lo pasó en blanco. No ganó nada. Fue expulsado del Giro de Italia por subir un tramo del Mortirolo agarrado al automóvil de su equipo. Al parecer la férrea voluntad de ser corredor de Chris iba inquebrantable por un lado, pero el ciclismo y su probable gloria bajaba indiferente por el otro y se negaba a sonreírle.

Como si esto fuera poco a principios del 2011, después de su primera y lamentable temporada en Sky, le fue diagnosticada la enfermedad parasitaria, (Bizharia) propia de países tropicales, (y últimamente en alguna de sus variedades en ciclistas holandeses también) luego de conseguir una exención médica para tratarse y estar varios meses de baja, regresó en la Vuelta a España 2011 y… bueno, el resto ya lo conocen ustedes. Allí empieza su leyenda como uno de los más grandes de todos los tiempos en este deporte.

Con esto de la actual maduración relámpago, precoz de los ciclistas se nos olvida que hasta hace poco un corredor solo empezaba a dar lo mejor de sí bordeando los 27 años. Chris supo perseverar y esperar su momento. Con indiferencia de su soberbia y poco discutible calidad ciclística, es un caballero en la mejor acepción de la palabra: un tipo afable, noble sencillo. Y contó con algo muy importante en la vida, nada desdeñable, con lo que muy pocos (solo los elegidos) cuentan: mucha, mucha suerte también en el principio de su carrera.

La baronesa Karen Blixen desde niña en su fría Dinamarca natal, seducida por sus también precoces lecturas de aventuras, siempre quiso conocer y vivir en África y lo consiguió. Pasó buena parte de su vida inmortalizando a su adorada Kenia y de paso, con sus relatos, a ella misma como una de las más grandes escritoras de siempre.

Chris Froome nació en esas mismas montañas de Kenia y siempre quiso ser un gran ciclista contra todo pronóstico lógica y evidencia: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”

Oscar Trujillo Marín

¿Te gusta lo que hacemos? seguínos en Instagram y Twitter

Sumate en facebook: Ciclismo Internacional

Copyright © 2012-2020 Ciclismo Internacional. All Rights Reserved

 

 

 

16 pensamientos sobre “Cuando Chris Froome no era nadie

  1. Muy interesante su artículo, entrelazando lo con una maravillosa película, un aporte para quien quiera profundizar: David braislford, el galés a quien se refiere, no estaba dando palos de ciego, por alguna razón, estaba en contacto con un grupo de psicólogos que entronizaban el factor de lo latente, una teoría ligada al test del item, cómo los humanos reaccionan a las pruebas de medición, y asombrosamente, se encontró con froome, atleta, culto, con un contexto perfecto, y al serle aplicadas las pruebas, resultó el ideal de ciclista, todo estaba dado para que fuera excepcional y lo pudiera demostrar.. no estaba equivocado el galés.

  2. Muy buen dosier de quien era un don nadie y hasta entonces tampoco había demostrada nada. Creo a que muchos no se nos olvida que hasta hace muy poco los ciclistas a partir de los 27 daban lo mejor de sí, como tampoco se nos olvida que de la mano iba normalmente haber tenido algo destacable como Sub26 que logrará maximizar en su madurez.
    Si me preguntan (y es mi opinión personal) ¿Qué habrá sido de la vida de Chris si Brailsford no lo hubiese visto? Me atrevería a decir que con la desaparición de Barloworld y después de este breve relato donde se evidencia la buena fortuna que venía teniendo muy seguramente lo habría fichado cualquier otro equipo. ¿Qué hubiese logrado en ese otro equipo? En esto soy directo, sin la medicina y tecnología de Sky no habría logrado destacar mas que por su decencia y nobleza.
    “le fue diagnosticada la enfermedad parasitaria Bizharia, propia de países tropicales, (y últimamente en alguna de sus variedades en ciclistas holandeses también) luego de conseguir una exención médica para tratarse y estar varios meses de baja, regresó en la Vuelta a España 2011 y…” No me cuenten, Jumbo Visma descubrió como tratar la enfermedad a lo Sky, la han probado con resultados satisfactorios y ahora la pondrá en práctica con su nueva contratación.
    Como alguien dijo por ahí al ser consultado sobre que ciclistas admira: he admirado a muchos y admiraba a muchos, pero ya no..

    1. Milton, sembrar suspicacias sobre la subida (y larga permanencia) a la cúspide de Froome no me hace ilusión. Que hable el tiempo o las autoridades si le pillan algo alguna vez. Sembrarlas en él por sospecha o en Dumoulin vale para cualquier otro corredor. Solo me limito a relatar unos hechos que están ahí. Las conclusiones son de cada cual. Me interesaba mostrar primero que su voluntad de ser ciclísta fue encomiable, siempre. Segundo que en efecto tuvo mucha suerte en varias etapas de sus inicios. Pero los medios económicos que disponían sus padres en un continente tan miserable, quizás ayudaron un poco. Y tercero que la gente del mundo del ciclismo profesional no es tonta, y si a pesar de no conseguir resultados hasta los 26 años tantas personas distintas que sabían de ciclismo seguían apostando por él, es que algo bueno y fuera de lo común le verían. Esos son los hechos pasados bajo mi prisma. No me interesa hacer conjeturas de lo que no hay datos ni pruebas. Y si, de seguro él o Thomas o Wiggins o el mismo Bernal no hubiesen ganado quizás un Tour de Francia tan fácilmente (o tal vez nunca) de no haberse enrolado en el más poderoso equipo de todos los tiempos del señor Brailsford. Eso es una obviedad. “La suerte de los campeones” no es solo un manido cliché. Tiene más profundidad de la que parece. Como siempre es un gusto coincidir o debatir con usted.

    1. siiiii José sorry, que lapsus puse a un replicante de Blade Runner a enamorar a Meryl Strepp, con el agravante de que ese mismo año estaba grabando una de las entregas de Indiana Jones. Mil gracias ahora mismo lo corrijo.

  3. Simplemente el mejor ciclista de lo que llevamos del siglo XXI. Un caballero en la bicicleta y fuera de ella también. El ciclismo inspira la vida diaria y historias como la de este crack, siguen inspirando a las personas a ser profesionales en cualquier área de conocimiento y deporte.

  4. Señor Oscar Trujillo, ud como comentarista me hacia divertir por todo el enfasis y sapiencia que ponia en sus comentarios. Solo que por ahi era un poco soberbio, acido y agresivo con respecto a otros comentaristas. En fin. Pero debo reconocer que ahora trabajando para Ciclismo Internacional ud es un diamante en bruto que debe corregir pequeños detalles ´ de protagonismo ´, Es una gran adquision del sr Palermo, tenerlo entre sus colaboradores.Da gusto leer sus notas. Exito en este nuevo camino que le presenta la vida.

  5. Muy linda nota, que repasa magistralmente la historia de vida casi increible de un grande del deporte instalado ya en el Olimpo del ciclismo

  6. Tremendo articulo, inesperado y fantástico como la fotografía que lo acompaña, ni me hubiera imaginado a un niño acompañando a un zorillo (o parecido), digno de quien se habla. Coincido con Ricardo en todo, pero esos ajustes te los dará el tiempo, como a todos.

Deja un comentario

close
Facebook IconTwitter IconMi BlogMi Blog
A %d blogueros les gusta esto: