El ciclismo ecuatoriano de las cumbres de los Andes a la élite mundial

Por Oscar Trujillo Marín

Ecuador es el centro del mundo, no es una metáfora. El país Andino salpicado de altas y sobrecogedoras cumbres nevadas, volcanes y sierras de exuberante vegetación donde habitan todas las tonalidades del verde, poseedor también del agreste exotismo amazónico, pero al mismo tiempo encanto costero del océano pacífico es, sin duda, uno de los paraísos más biodiversos y atractivos del planeta. Desde hace un par de años, además de esta fortuna geográfica -que no es poco-, está en boca de todos los amantes del ciclismo, no solo por sus bellezas naturales, sino por su súbito asalto a codearse de tú a tú con la élite del pedalismo orbital.

Foto: @bettiniphoto

El pequeño país suramericano (comparado con sus gigantescos vecinos Brasil, Colombia, Perú… mucho más poblados y extensos) desde hace unos 50 años ha cultivado una de las mayores aficiones por este deporte de todo el continente. Para ser más preciso, en concreto buena parte de esa pasión ciclista se ha concentrado en las provincias de Carchi, sobre todo, pero también en Sucumbíos, (de ahí se esparció al resto del país), regiones ambas norteñas limítrofes con Colombia, la gran potencia latinoamericana y nación donde el ciclismo es parte del paisaje y una pasión desbordante.

De esta forma gracias a esa natural retroalimentación que se da entre pueblos vecinos, hermanos y tan parecidos, no solo la cumbia, el vallenato y otros ritmos originarios del país cafetero se han convertido en parte también de la idiosincrasia y banda sonora de los ecuatorianos (en contraprestación Colombia recibió y tomó como suyos esa maravillosa mezcla de pasillo ecuatoriano, con aires de vals peruano, bolero y tango que hacían Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas, entre otros músicos y cantantes nacidos en Ecuador y muy queridos en Colombia, donde se les considera también como locales). Ese ciclismo de la “prehistoria” colombiana de los cincuentas, sesentas, setentas y ochentas, empezó a ser seguido por los habitantes del norte de Ecuador y permeó en sus gustos e historia.

En Tulcán (zona fronteriza), todo Carchi y sus alrededores los aficionados al ciclismo seguían por radio hasta antes de 1985 -y luego de ahí para adelante también por televisión de los canales colombianos- las hazañas más antiguas de Cochise Rodríguez, después Patrocinio Jiménez, Rafael Antonio Niño etc. Se emocionaron también con la generación dorada ochentera que abrió el camino en Europa brillando en el Tour de Francia la Vuelta a España y el Giro de Italia, entre los aficionados carchenses y muchos ecuatorianos los nombres y triunfos de Lucho Herrera, Fabio Parra o Martín Ramírez, Oliverio Rincón o Santiago Botero, entre otros, eran familiares: sentidos como de la casa también.

Poco a poco se fue afianzando la cultura ciclística propia, se fue extendiendo su práctica y gusto por el resto del país y ya en las décadas de los ochentas y noventas también se dieron los primeros ídolos locales con buenas actuaciones internacionales, que eran capaces de ganar carreras, al principio en el resto de Latinoamérica, fuera de sus fronteras. Gente como Pedro Rodríguez (“El águila de Tulcán) por ejemplo, abrieron la senda de triunfos en el extranjero para esta nueva generación sin complejos que empieza a recoger los frutos en Europa hoy en día.

Rodríguez, pentacampeón de la Vuelta a Ecuador y uno de los máximos ídolos del pedal para el país andino antes de la irrupción de Carapaz, fue el primer ecuatoriano capaz de ganar etapas y hacer top 10 en la Vuelta a Costa Rica, a Colombia y el clásico RCN, además de destacar también en la exigente Vuelta de Mendoza, en Argentina. Fue al auténtico pionero de los triunfos afuera y la figura a imitar por los jóvenes aspirantes a ciclistas carchenses y ecuatorianos en general.

También el malogrado -de forma prematura a los 50 años- Juan Carlos Rosero (mentor de Richard Carapaz, entre otros) puso los primeros cimientos en las décadas de los ochentas y noventas logrando ganar la Vuelta de Mendoza, siendo 2° en la Vuelta al Táchira y logrando etapas también en la complicada plaza del circuito de carreras colombianas. Ya en este siglo, corredores como Byron Guamá, también carchense, mostraron su calidad ganando con frecuencia en Colombia y por toda Latinoamérica un poco antes de la aparición de esta generación mejorada que dio el paso definitivo para irse a correr y ganar cosas importantes en Europa.

Cabe recordar que competencias como la Vuelta al Táchira (Venezuela) en esa época o el Clásico RCN y la Vuelta a Colombia, no eran ni la sombra de las devaluadas y lamentables versiones contemporáneas. Tres décadas hacia atrás, estas citas tenían gran nivel y poder de convocatoria; aparte de todas las figuras locales colombianas del momento, acudían los ídolos que ya militaban en la élite europea, bien fuera en conjuntos españoles, belgas o italianos o en alguno de los tres equipos que llegaron a tener los colombianos corriendo las tres grandes vueltas y rondas de una semana -de lo que hoy sería el Wolrd Tour- entre 1983 y 1992.

En los ochentas no era raro ver competir en carreteras colombianas leyendas en activo de auténtico lujo como Hinault, Delgado, Fignon, Mottet, Sean Kelly o Chiapucci (incluso el italiano quedó segundo en el clásico RCN de 1992). Por ejemplo el podio de la Vuelta a Colombia de 1984 lo coparon tres hombres que luego hicieron podio en una o varias grandes vueltas: Lucho Herrera ganó ese año, segundo fue Pacho Rodríguez y tercero Fabio Parra. Había mucho nivel. Junto a ellos los mejores corredores del continente. Toda esta fiebre colombiana por el ciclismo se compartía en la frontera de Tulcán y Sucumbíos para abajo y se iba expandiendo más allá de Carchi por la mítica y jamás concluida carretera Panamericana.

Sin embargo, la explosión de talento ecuatoriano en la gran carpa mundial del ciclismo, la élite europea del World Tour y la segunda división (Pro series) es un fenómeno reciente. Una bonanza que empieza a recoger los frutos de esa pasión incubada y mantenida desde décadas atrás. El gran pionero contemporáneo ha sido su corredor más emblemático e importante de la historia -hasta el momento- Richard Carapaz, quien tras descollar en el calendario local con apenas 20 años, las carreras de su patria se le quedaron pequeñas, tuvo que emigrar a buscar una oportunidad en el calendario colombiano, que devaluado y todo como está hoy en día a nivel local y continental, (las estrellas no terminan de madurar aún, ni tienen edad de ver una película para mayores de 18 años o beber una copa y ya se las llevan equipos europeos, y la dirigencia deportiva del país no está a la altura de sus espontáneos y silvestres campeones) sigue siendo la gran vitrina donde todos los ojeadores internacionales vienen a cazar talentos gracias a su inagotable cantera, sobre todo de muy fiables escaladores.

En efecto, en la temporada 2015 corriendo para el Strongman-Campagnolo colombiano, Carapaz fue el primer corredor extranjero en ganar la Vuelta de la Juventud del país cafetero, el principal vivero de talentos del continente. Eso fue un hecho histórico que llamó mucho la atención: si ese chico ecuatoriano era capaz de venir a ganarle a las jóvenes promesas locales que luego iban a Europa es que era muy bueno. Eso, fue una gran ventana al estrellato, además de brillar en el Clásico RCN ganando etapas. Tales logros en carreteras colombianas llamaron la atención de Movistar para la temporada 2016. El resto de la historia ya la conocen: Meteórica ascensión de un escalador de raza, buena punta de velocidad en los remates en cuesta y ese extraordinario fondo de vueltómano que traen de serie los corredores andinos tras nacer, crecer y entrenar tanto tiempo por encima de los 2500 metros. En el caso de Carapaz (hoy en el INEOS, el equipo más poderoso para grandes vueltas del mundo) más bien arriba de los tres mil, casi donde anidan los majestuosos cóndores de los Andes.

Otros jóvenes valores como Jonathan Caicedo (quien milita en el EF Pro Cycling), reciente ganador de una etapa en el Giro de Italia que se corre actualmente, repitieron el camino del corredor del Ineos para militar ahora en las principales escuadras del mundo. Caicedo llegó muy jovencito de la mano de Richard a correr en Colombia, también procedente del mismo equipo juvenil (Coraje Carchense) con destino al Strongman Campagnolo cafetero (equipo Continental, algo así como la tercera división mundial); se afianzó en el calendario colombiano con muy buenas actuaciones siendo casi un adolescente aún y se convirtió en uno de los pocos extranjeros en ganar la Vuelta a Colombia (con el Team Medellín), lo cual lo catapultó para el World Tour también en las filas del EF.

Pero es que la fiebre por el ciclismo, la pasión y el furor que se respira en Ecuador actualmente (exacerbada por el histórico triunfo en el Giro de Italia 2019 de Carapaz) es comparable -guardando las proporciones- a la que se vivió en Colombia en los ochentas en ese maravilloso despertar al protagonismo en las carreras más importantes del mundo, cuando sus corredores empezaron a desembarcar en Europa con el pie derecho, destacando en las cuestas, ganando etapas en las rondas de tres semanas, carreras menores y una gran vuelta en muy poco tiempo (Vuelta a España, 1987 por Lucho Herrera). Estas victorias los situaron entre los mejores del pelotón mundial de donde -con altibajos sobre todo a finales de los noventas y primera década de este siglo- no se han bajado ya hasta convertirse la patria de Quintana, Rigo y Egan Bernal en potencia emergente mundial, habitual del Top 10 de naciones desde hace un lustro.

A Colombia le costó 32 años (y muchos podios pegando en el palo) conseguir las tres grandes rondas por etapas (Francia, Italia y España). El Tour fue la que más se resistió. Ecuador ya ha dado el primer paso y se está labrando esa confianza de saber que sí se puede y hay suficiente calidad natural. Ahora es solo seguir trabajando mucho mejor de lo que vienen, es solo cuestión de tiempo en que otros corredores ecuatorianos empiecen a conseguir logros importantes como ya lo hizo esta semana Caicedo en Italia ganando una etapa en el Giro o Jhonatan Narváez (compañero de Richard en Ineos) hace unas semanas imponiéndose en la Settimana Coppi e Bartali. Todo un mérito para países que no pertenecen a la élite y legendaria meca del ciclismo como lo es Europa occidental. Más aún viniendo de sociedades que ni de lejos tienen el nivel de vida, ingreso per cápita o apoyo gubernamental para el deporte como estas naciones que siempre han reinado en la élite del pedal. Porque el ciclismo no es un deporte barato -ni mucho menos- cuando se pretende alcanzar lo más alto. La mayoría de estos chicos que llegan arriba lo hacen por esfuerzo propio con colosales sacrificios.

Y lo que viene invita al optimismo: tras los pasos de Narváez y Caicedo que ya han ganado en la élite, se asoman los dos primos tocayos: Jefferson Cepeda Hernández (el del Caja Rural) y Alexander Cepeda Ortiz (el del Androni), oriundos de Sucumbíos. Y, por supuesto, de Carapaz, el único latinoamericano, aparte de los colombianos Herrera, Quintana y Bernal que ha ganado una gran vuelta, el Giro de Italia en 2019. Tras ellos vienen jóvenes virtuosos y con ambición que prometen dar continuidad a este esplendor ciclístico para Ecuador, sobre todo escaladores como Santiago Montenegro, Alexis Benjamín Quinteros, Wilson Steven Haro y Joel Fuertes que ya han comenzado a mostrarse y destacar fuera.

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Una nación que ha sido amante del ciclismo durante tiempo, y que sus alegrías internacionales en la élite antes venían sobre todo de los hermanos colombianos, hoy en día se abre paso entre los grandes por méritos y nombre propio. Ahora está en manos del gobierno y la Federación ecuatoriana de ciclismo impulsar y rentabilizar ese talento natural que les sobra e intentar que, aparte de Carchi y la también norteña y limítrofe con Colombia provincia de Sucumbíos -donde los ciclistas muy buenos escaladores se dan con mayor frecuencia-, más regiones alienten esta naciente y esplendorosa cantera de corredores que pueden alcanzar talla mundial. Ecuador necesita con carácter urgente al menos una carrera de mejor nivel, fortalecer el calendario local e invertir en la formación y  competencias juveniles. Madera es lo que hay.

Oscar Trujillo Marín

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12 pensamientos sobre “El ciclismo ecuatoriano de las cumbres de los Andes a la élite mundial

  1. En Ecuador hay madera, pero estamos verdes aún, Colombia nos lleva años luz de ventaja.
    Sé que esto es un proceso muy lento, pero actualmente no hay mucho apoyo a divisiones inferiores, tenemos pocos equipos, hay pocas competencias de cierto nivel, tampoco hay un correcto manejo en las federaciones y en el Ministerio del deporte.
    Recién estamos dando los primeros pasos en el ciclismo de élite, sin embargo la prensa “futbolera” se ha embarcado en toda esta algarabía triunfalista, pidiendo que los ciclistas nacionales ganen todo los que corren, y buscando excusas cuando no se gana. No saben distinguir como funciona un equipo, no saben los papeles que desempeñan cada ciclista (lider, gregarios, puncheur, etc), no saben que tipos de carrera se acomoda a cada cilista, en fin, es una pesadilla escuchar a los comentaristas deportivos hablar de ciclismo.

  2. En Tulcán se respira ciclismo!!! el año pasado estuve de visita y el paisaje se me hizo muy parecido al de Boyacá. Me gusto los murales de Richard, los pendones colgando en las calles, la gente con sus buenas bicis para el entreno. Como afinaciodo me emociono mucho ver a los hermanos ecuatorianas protagonizar las grandes vuelta. Saludos desde Colombia :)

  3. Excelente reseña Oscar, como ecuatoriano y ciclista popular me siento orgulloso de todos estos chicos que ya sin complejos de inferioridad buscan labrarse un futuro en las esferas del ciclismo mundial. Todos los datos que das del Ecuador son exactos, se agradece tu conocimiento.

  4. Muy buena versión resumida del andar del ciclismo ecuatoriano, en especial para los que no tenemos conocimiento mas allá de lo contemporaneo. Me causa un tanto intriga que los mejores exponentes sean de la parte norte del Ecuador, limitantes con Colombia y que países como Peru y Bolivia con los que se comparte la Cordillera de los Andes, con ciudades a alturas similares y aun mas densos poblacionalmente no tengan historial representativo en el ciclismo de carretera.

    1. Milton es evidente que la influencia de la fiebre por el ciclismo en Colombia se contagió al norte de Ecuador. Es que quizás no se ha valorado lo suficiente, pero la pasión y gusto por el ciclismo en Colombia es de lejos la más grande de toda América. No hay otro país con tanta afición, historia y fascinación por este deporte desde Canadá hasta la Patagonia. En Brasil con 12 veces más habitantes que Ecuador el ciclismo nunca arraigó, y en otras naciones de todo el continente su práctica y afición es muy minoritaria, en cambio en Colombia es casi a la par que el fútbol. No es bueno ni malo es solo una realidad. Un saludo.

  5. Ese potencial carchense se sebe buscar en todos los países andinos, todo lugar de topografía montañosa y de altitud, allí cada niño y niña deben tener una bicicleta y hambre de triunfo, hay que hacer como en Colombia , no esperar la ayuda gubernamental si no por el contrario iniciar con una panadera, o la bici destartalada del abuelo; Arrastia el requetemacanudo, le regalaba bicis a las promesas juveniles, por qué cada uno de nosotros no nos ponernos de meta regalar al menos una bicicleta a algún niño cerca, buscar a que el gobierno nos ayude y hay nos quedamos esperando, incluso en Colombia hay más zonas en altura que no han sido potencializadas, como la región de Ocaña en Norte de Santander, en Nariño, y en cuántas zonas más, pedir si que nos construyan velodromos para formar ciclistas más completos.

  6. Gran reseña, lastimosamente la dirigencia del ciclismo y la secretaria del deporte son más entes figurativos y que reconocen como suyos los triunfos actuales; no se trabaja en las bases, vivo en Riobamba, donde se puede rodar sobre asfalto a 4400 metros de altura en las faldas del Chimborazo y con pena en esta provincia, la Federación Deportiva eliminó el ciclismo dentro de los deportes de base que maneja, irónico
    Lo que sé debe hacer es que la empresa privada comience a apoyar escuelas y competencias de ciclismo, porque esperar del gobierno, será para nada.

  7. El ciclismo y cualquier otro deporte, poco apetecible para las grandes masas, a más del apoyo del gobierno, necesita del apoyo de los medios de comunicación. Lamentablemente, en Ecuador el populismo de los gobernantes y el amarillismo de los medios de comunicación no aportan nada.

  8. Felicitaciones, exelente reseña.
    Cómo dice tenemos madera de campeones, con nuestras rutas y montañas a más de 3000 msnm, que éstos muchachos han sacado todo el provecho, con poco o nada de apoyo gubernamental, pero es hora de que nuestros gobernantes den todo el apoyo a este deporte que está dando muchos frutos.

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