El momento del año: Phinney emociona en Tirreno

Por @pmpalermo

El año ciclista europeo llegó a su epílogo y mientras los corredores realizan su preparación invernal, es tiempo de analizar qué dejó la temporada 2013 y en este caso toca elegir el momento cúlmine, ese que por emociones, prestaciones o una gran cantidad de variantes más, quedó grabado para la posteridad.

foto:Sirotti
foto:Sirotti

Hubo enormes gestas en el curso que llega a su fin, desde la victoria de Nairo Quintana frente a Froome en el Tour a la definición del Mundial, pasando por la consagración de Nibali bajo la nieve de las Tres Cimas di Lavaredo o la recordada jornada del Angliru que coronó a Horner.

Todos y cada uno de esos días merece ser enmarcado como símbolo de alegría, para los protagonistas, los fans y los periodistas, mezclados siempre en una comunión única que sólo este ambiente puede ofrecer y que de a ratos no reconoce diferencias.

Pero para Ciclismo Internacional, el momento más significativo de 2013 no es ningún triunfo, ya que se trata en este caso de reconocer el heroísmo, la juventud y el arribo de una nueva generación de atletas limpios que llegó para quedarse y cambiar la cara a un mancillado deporte.

Por eso, el “premio” corresponde a Taylor Phinney quién protagonizó una hazaña que lo pinta en cuerpo y alma cuando en el transcurso de la dantesca etapa seis de la Tirreno Adriático, un mal día, una cadena rota y un constante sube y baja hicieron que quedara en medio de un grupo de sprinters que se retiró con 130 kilómetros por recorrer; él agachó la cabeza y pedaleó en solitario para concluir último y fuera de control, tras casi 6 horas y media sobre la bicicleta.

Luego explicaría que lo hizo por su padre, el ex ciclista Davis Phinney, uno de los más grandes de la historia de Estados Unidos, quién sufre Mal de Parkinson y es su fuente de inspiración diaria, según declaró en más de una oportunidad.

Sagan ganó ese día, Nibali dio un vuelco a la general y Phinney ni siquiera apareció en las imágenes, pero el joven corredor americano, miembro de una nueva camada que se jacta de no ingerir ni siquiera un calmante para el dolor,  dio una lección de coraje al llegar a cómo de lugar, con un clima brutal y mientras los retiros se multiplicaban.

Épico y lejano a lo que se vive en tiempos del hiper profesionalismo donde nadie hubiera seguido gastando fuerzas y arriesgando la salud en solitario sólo por el mero hecho de cruzar la línea de meta en una actuación propia del ciclismo de antaño.

Por ello, el reconocimiento para el potente rodador yankee, quién gracias a su valentía se ganó nuestra admiración y la de miles de aficionados que se sienten identificados y echan en falta más actuaciones de ese tipo en medio de una era dominada por los avances científicos y, muchas veces, por la apatía.

 Pablo Martín Palermo

@pmpalermo                                             
 
pmpalermo@hotmail.com 

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