Libros y ciclismo: “El triple campeón revela sus secretos”

La crónica de García Márquez sobre Ramón Hoyos Vallejo

Por @eskrraga

hoyos por botero

Sobre la crónica llamada “El triple campeón revela sus secretos” de Gabriel García Márquez acerca de Ramón Hoyos, el entonces tricampeón de la vuelta a Colombia, publicada en el diario El Espectador en catorce entregas, en 1955.

La obsesión por la ortografía impulsó a Ramón Hoyos Vallejo a preguntarle a Gabriel García Márquez, cuando supo que había escrito una novela, cómo hizo para aprenderla. El escritor le contestó:

“Eso no se aprende nunca. Mis errores los corrige el linotipista”.

El entonces tricampeón de la vuelta a Colombia concluyó que, quienes escribían historias de ficción, eran tan ignorantes como él en el asunto  y ya no lo atormentó más la corrección hecha por su entrenador, el argentino Julio Arrastía (que luego se convirtió en uno de los narradores más importantes del ciclismo en Colombia), a la carta que le escribió a Fausto Coppi.

La  obcecación por leer y escribir de Ramón Hoyos trasuntó su primer recuerdo: una casa blanca a la que llegó a recibir las primeras clases escolares y el nacimiento de su feroz impulso por batir récords, como aparece en la primera de las catorce entregas que hizo García Márquez sobre la vida del ciclista en 1955: “Cuando me llevaban a la escuela traté de saltar una quebrada habiendo podido pasar por el puentecillo y caí despatarrado dentro del agua”.

García Márquez buscó replicar la voz y el relato de Hoyos y, a ella, sumó la de un reportero que se refirió a sí mismo en tercera persona e irrumpía al final de muchas entregas con el título de Nota del redactor. Mientras que en las intervenciones adjudicadas al campeón aparecían episodios concretos de su pasado, en las del reportero aparecía el ciclista como un contorno delineado por las palabras de otros sujetos que fueron interrogados y observados por el periodista.

El mote de escarabajo, que se le infligió en un comienzo a Hoyos y luego se transformó en la denominación de origen del ciclista colombiano, apareció en el escrito cuando García Márquez hizo referencia al equívoco del cual surgió ese apodo; el periodista del diario El Tiempo, Jorge Enrique Buitrago alias “Mirón”, al ver al Ramón ascender un páramo, durante la segunda vuelta a Colombia (la que ganó el francés José Beyaert, ganador de la medalla de oro de ruta individual de los juegos olímpicos de Londres en 1948), advirtió en sus movimientos  semejanzas con los de un insecto que no pudo discernir: de su pluma salió la palabra escarabajo aunque quiso decir, como luego lo corroboró, saltamontes, así como Kafka no tuvo otra opción que escribir Samsa porque no encontró el nombre del insecto en el que se transformó Samsa.

Y como un Samsa de tierras templadas apareció, en medio de la vida de Hoyos, el relato sobre Antonio Zapata. Contó García Márquez, en las notas del redactor de la quinta entrega, que este pedalista antioqueño fue conocido como el “intelectual del ciclismo” pues había leído varios volúmenes sobre esta disciplina; en la tercera edición de la vuelta a Colombia, es decir, la primera en la que participó Ramón, sufrió un accidente al tropezar con un perro y lo recluyeron en una clínica de la que escapó para continuar en la competencia. Al final de ese mismo año, lo internaron en un manicomio.

Ese intelectual contrastó con los demás miembros del pelotón: a juicio del propio  Ramón, los ciclistas eran unos burros. Esta apreciación, si bien no fue acogida por García Márquez de manera explícita, no la desmintió. De hecho, en “La fiebre del ciclismo”, otra crónica que escribió en 1955,  le endilgó a este deporte efectos apestosos pues, debido a la vuelta a Colombia, la imprudencia de los ciclistas en Bogotá se debía a que todos ellos quería emular a Ramón Hoyos.

García Márquez, además de ser uno de los artífices de esa tradición que ha devenido slogan turístico (el realismo mágico) o un modelo del “escritor latinoamericano” del siglo XX y figura icónica, junto a Juan Valdez y Pablo Escobar, de lo que “es” Colombia, ha sido uno de los forjadores de la figura del escarabajo; instituyó, mediante la narración de la vida de Ramón Hoyos, el ideal del corredor colombiano que brota en la vida rural y empieza su entrenamiento durante los largos trechos que hay entre su casa y la escuela.

Tal es la obligación que se ha cernido sobre los ciclistas de este país: si carecen de algún episodio relacionado con la muerte o la pobreza  no son identificados como escarabajos; Santiago Botero, por ejemplo, jamás fue asimilado como un insecto y su campeonato mundial en la prueba contra el reloj no generó el mismo impacto que el triunfo de Quintana en una carrera como la vuelta a Catalunya.

Ramón Hoyos se convirtió en uno de los primeros deportistas colombianos que fue atendido por un grupo tan aparentemente lejano y lleno de gente “inteligente” como el de los escritores y artistas.  El pintor Fernando Botero, otra de las figuras que, con sus gordas, sirve de sello para identificar al país e instalarlo en ciertos imaginarios simplificantes, hizo un cuadro llamado Apoteosis de Ramón Hoyos en donde el contorno gordo del ciclista se desdobló hasta poblar la oscuridad que sirve de fondo.

En la trinidad Hoyos-García Márquez-Botero está la huella del proyecto de nación de Colombia durante el siglo XX; forma parte del orgullo que precisa cualquier proclama de estirpe nacionalista. En el ciclismo, el colombiano que suele ver cómo pierden los equipos de fútbol de los que es fanático, no se arredra ante un alemán o un francés y puede sentirse que apuesta al ganador en una competencia frente a brasileños o argentinos; por eso, cuando se critica a alguno de sus ciclistas en los recurrentes foros sobre la materia, se generan discusiones que desembocan en ofensas,  alusiones telúricas que asimilan los vatios de una pedalada como el reflejo de la fortaleza colombiana e invocaciones a Dios para que proteja al campeón de turno.

El escarabajo se ha convertido en un concepto, o un defecto si se quiere, dentro del ciclismo de ruta; Ramón Hoyos, el primer insecto, ha dejado de ser un individuo para convertirse en el  precursor de una forma de correr; cada vez que uno de esos ciclistas menudos asciende con furia los puertos y naufraga entre los vientos de costado como un barco a la deriva, Hoyos sube con ellos y se extravía con ellos,  multiplicándose sin diluirse, regresando desde el mundo de los muertos, al que ingresó hace un par de años, convirtiéndose en un espectro con el don de la ubicuidad, como el que aparece en la apoteosis pintada por Botero.

Nota: En esta URL puede leerse cada una de las entregas de García Márquez sobre Ramón Hoyos:

Biografía de Ramón Hoyos Vallejo Por Gabriel García Márquez

Andrés Felipe Escovar, autor de milinviernos.com

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3 pensamientos sobre “Libros y ciclismo: “El triple campeón revela sus secretos”

  1. Las crónicas de García Márquez, son ejemplares, llenas de contrastes y anécdotas
    Como también la de cochise con el poeta Arango, los escritores no bajan de su pedestal intelectual y en cierto modo demeritan la de los ciclistas, en estos ejemplos.

  2. Ojalà se siguieran haciendo crónicas sobre el pasado de éste bello deporte, por ejemplo las etapas màs épicas del Tour de Francia.

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