Libros y ciclismo: “Plomo en los bolsillos”

Por @eskrraga

Acerca de “Plomo en los bolsillos”, un libro sobre historias acaecidas en el Tour de Francia

plomo bolsillos

Según Ander Izagirre, su padre Iñaki fue quien le “envenenó la sangre”. Esa confesión, similar a la de un adicto cuya memoria recobra el respingo hecho por el dealer que le dispensó la primera dosis, se remite al ritual de quienes se hacen a un costado de la carretera para atestiguar el ascenso de unos sujetos escuálidos que pedalean, enajenados por el agotamiento, hacia una cima.

Cuando por fin llegaron los ciclistas, después de varias horas de espera, las tinieblas cubrieron la cuesta (Luz Ardiden) y Ander no pudo ver nada. Pese a que la oscuridad de la ceguera blanca le impidió atestiguar el discurrir de los competidores, construyó un relato apalancado en sus elucubraciones, exageraciones, omisiones y énfasis, todos ellos atravesados por una operación que rebalsa la consciencia. Estas características, más que viciar lo que él narra, lo enriquece; su libro no cuenta con la utilidad propia de los catálogos de estadísticas, tiene las maneras, como toda escritura con aspiraciones artísticas, de un artefacto que dice cosas impensadas, incluso, para quien las ha escrito.

A esta forma de contar del escritor, se suma el carácter opaco del ciclismo; a diferencia de otros espectáculos, nunca se tiene una perspectiva total de lo que ocurre: hay una curva, un descenso, un viento de costado, que sólo surgen en las explicaciones posteriores, cuando desaparecen algunos ciclistas del pelotón. La niebla narrada por Ander Izagirre está tan presente que, en el ciclismo colombiano, por ejemplo, ya ha dejado su pátina en 2014, en el giro de Italia, durante aquel descenso del Stelvio donde Quintana sepultó a Urán y que, con el paso de los años, propiciará cientos de versiones en donde uno u otro ciclista serán el villano, el héroe, el derrotado o el triunfador.

De esa ceguera, como la adjudicada a Homero, ese ideal del poeta cuya versión de la guerra de Troya no vio pero se la figuró con sus énfasis y omisiones (al igual que los evangelistas y sus vidas de Jesús o el infierno que Dante sólo advirtió con claroscuros, después de que Beatriz lo mirara), afloran las historias de “Plomo en los bolsillos”; Izagirre se vale de otros libros, de testimonios, tan “viciados” como el suyo, tejiendo la progresión de unos relatos en donde sus protagonistas importan menos que la heroicidad, el desencanto, el misticismo o la risa que se encarna en ellos.

El texto es un periplo como el mismo tour de Francia. Inicia con el “envenenamiento” del narrador y culmina con la explicitación que él mismo hace del lugar de enunciación desde el cual ha contado las historias: si en las primeras líneas Ander está parado a un costado de la carretera, en las últimas del libro, pedalea sobre una bicicleta, rezagado del lote de punta, escuchando lo que dicen esos otros intoxicados que se hacen lado y lado del sendero y no advierten su agonía.

Y esa ignorancia de lo que siente un ciclista, acrecienta su soledad durante el ascenso a su monte del calvario, reforzando esa vocación mártir que hace al pelotón del tour de Francia una fila similar a una línea de anoréxicos embutidos en trajes diminutos: “Porque la magia del ciclismo nace siempre de ese misterio que existe más allá de la frontera del sufrimiento. El corazón late como una lavadora a punto de estallar, hierven los muslos y los pulmones se ahogan. Saltan todas las alarmas y el cuerpo pide clemencia, pero el ciclista prolonga cuanto puede esa agonía” (2013:18)

Esa magia emanada del dolor también se alimenta de la locura, o sus asomos, como le corrió al escalador Fischer que, al final de las 72 horas de París, al terminar, luego de darle innumerables vueltas al velódromo, corrió hacia un árbol, se trepó en él y se quedó, como un gato asustado, en silencio hasta que lo convencieron de que bajara.

El hechizo se da por la mezcla de locura, dolor y muerte. Ander Izagirre describe el fallecimiento de Tom Simpson, en plena ascensión al Mont Ventoux en 1967, a partir de cuarenta pedaladas; le adjudica a cada una de ellas una imagen que semeja el final y se detiene en un hecho que resuena en el lector: cuando cayó desplomado al suelo el ciclista británico y lo retiraron de la bicicleta, sus pies siguieron pedaleando, ya sin ningún persecutor que acechara su llegada al final de todas las cosas.

Quién ganó y por cuánto tiempo son datos incidentales en “Plomo en los bolsillos”. Como ocurre con Sísifo, lo que llena el corazón de los personajes que escribe Izagirre, tras adivinarlos entre la niebla, es el trayecto mas no la llegada y, por lo tanto, poco importa que al otro día deba reemprenderse el camino como si nada hubiese ocurrido antes.

Andrés Felipe Escovar, autor de milinviernos.com

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2 pensamientos sobre “Libros y ciclismo: “Plomo en los bolsillos”

  1. “Plomo en los bolsillos”, de Ander Izaguirre, es un libro magnífico que recomiendo a todos los aficionados al ciclismo. Contiene historias sabrosas e insólitas escritas con gracia y clase por uno de los mejores periodistas jóvenes del País Vasco. Es una recomendación de Gorka Reizabal, paisano de Ander, nacidos ambos en San Sebastián, una referencia clásica del ciclismo mundial.

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