Nibali, el corredor más valiente del mundo

Por @pmpalermo

Lo tiene en la sangre y no lo puede evitar Vincenzo Nibali, uno de los pocos corredores en todo el pelotón mundial que practica el ciclismo de ataque, totalmente opuesto a las prácticas conservadoras que hoy rigen las acciones de la mayoría y aburren a los aficionados hasta el hartazgo.

Ataque en la Cipressa
Ataque en la Cipressa

No importa dónde y contra quién, a poco que el italiano esté en condiciones se deja ver y Milán San Remo no fue la excepción así como tampoco París Niza la semana anterior, pruebas en las que no tenía chaces frente a oponentes en plenitud de facultades, pero en las que pese a todo, mostró los colmillos en el tranquilo camino trazado rumbo al Tour de Francia.

El de Astaná se hace rogar en 2014 y todavía no levantó los brazos, totalmente diferente a lo realizado hace una temporada cuando por estas fechas había ganado la Tirreno Adriático de modo magistral tras haber sido protagonista en algunos momentos del Tour de Omán y 10º en San Luis y Camaiore.

Lejos de alarmarse por las exhibiciones de los otros favoritos rumbo a la ronda gala, el Tiburón cumple al pie de la letra un plan que incluye este apacible inicio estacional pero una vez en competencia, se notan sus ansías de sangre y ataca, subiendo o bajando, como mostró recientemente en la Carrera al Sol y la Classicissima.

No es una novedad que el campeón del pasado Giro es ofensivo, pero merece unas palabras de elogio toda vez que regala a los fanáticos emociones como las del salto realizado en la Cipressa, donde por algunos minutos dejó al histórico Monumento con su esperada definición al sprint en duda.

El ex Liquigas sigue la estela del Caníbal Merckx y Bernard Hinault, agresivos sobre la bici hasta el hartazgo y por ello es poco afecto a esconderse a punto tal que, por ejemplo, en el aburrido Tour que ganó Wiggins sólo nuestro protagonista probó de romper la armonía en el grupo durante tres semanas.

Una y otra vez a lo largo de su trayectoria el de Messina abandonó la tranquilidad del grupo para buscarse la vida en solitario, a veces con éxito y otras no tanto, pero siempre regalando emociones extremas que permanecen en la memoria y que hoy merecen un repaso.

Así, en 2009 ganó el Giro de los Appenninos con un lejano intento a 50 kilómetros de meta, avance de lo que vendría al año siguiente, en la etapa 14º del Giro, cuando se lanzó en el extenso y técnico descenso del Monte Grappa bajo la lluvia rumbo a Asolo y llegó destacado tras exhibirse en las húmedas curvas donde ni las motos podían seguir su rueda.

Lo dicho, en el Tour 2012 fue el único que probó la fortaleza de Wiggins y Froome camino de París, y aunque no tuvo mayor suceso frente a los intratables británicos, salvó el honor y demostró su coraje, a diferencia de muchos otros que se conformaron con ser parte del anónimo top 10 de la general.

No deben obviarse esa misma temporada sus actuaciones en las clásicas, con un 3º lugar en San Remo, donde su ataque definió el destino del evento que sería para Gerrans, o el 2º lugar en la Lieja, en la que se fue solo a 20 kilómetros del arribo y fue alcanzado y superado por Iglinskiy en el desenlace.

Ya en 2013, regaló una clase magistral en Tirreno Adriático, donde le birló la prueba a Froome (cuando no, bajo la lluvia)  en el descenso de Sant´Elpidio a Mare o en la mítica jornada del Angliru en la Vuelta a España, imposible trepada en la que probó hasta el cansancio las piernas de Chris Horner sin conseguir su cometido y con un año de esfuerzos sobre los hombros.

Los ejemplos se suceden y es fácil entender entonces su mosqueo el domingo, cuando lanzó una crítica encubierta al resto, aduciendo que no habían tenido coraje (por no citar textualmente sus palabras) para moverse y que hubiera hecho algo más grande con algún tipo de colaboración.

Por ello y con todo esto en perspectiva,  se trata de resaltar que obtenga resultados o no, el siciliano nunca se queda con la duda y rompe  la armonía del pelotón, convirtiéndose así en uno de los pocos que logra que los fanáticos se levanten de sus sillones y por algunos momentos, saboreen gestas épicas que pertenecen al pasado y sean testigos de un nuevo capítulo en la historia del deporte pedal.

Pablo Martín Palermo
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