Opinión: El Tour de Francia, ese gran triturador de sueños

Por Oscar Trujillo

El Tour de Francia es una maratón con 21 días de fotogénico sufrimiento en directo. Agonía y extenuación en atletas de élite, eso sí, enmarcadas en los más hermosos paisajes y arquitectura del país -que no en vano- es el mayor receptor mundial de turistas cada año con 90 millones de visitantes. Bueno, este aciago 2020 quizás mucho menos.

HIRSCHI. Photo : Yuzuru SUNADA

La Grande Bouclé logra provocar en cada edición televisada a unos cuantos millones de turistas más alrededor del planeta, que atraídos por tanta indiscriminada belleza en sus postales terminarán sacándose muy pronto la foto de rigor con el fondo de la Torre Eiffel o probando in situ los vinos de Aquitania, Alsacia o la Provenza. Eso es lo sibarita y hedonista del asunto, pero dentro de los protagonistas en el pelotón el placer por estos días es un bien escaso o simplemente inexistente.

La mayoría de los corredores no destacarán en absoluto en el Tour de cara a la galería mediática y menos a los televidentes. No harán podio en ninguna etapa. No protagonizarán una fuga ni ganarán al menos un sprint intermedio o un premio de montaña. Su destino durante 21 días será apretar los dientes y sufrir de forma casi anónima rogando al menos poder terminar. Llenando la pantalla del televisor de camisetas con marcas multicolores, perdidos entre el lote trabajando en plan gregario abnegado para la comodidad de una estrella o comprobando de manera dolorosa que a pesar de su nombre, caché o expectativas, sus piernas no responden .

Muchos han probado la cara más cruda de su implacable dureza y ya están en casa: Aru, Formolo, Degenkolb, Gilbert, Zakarin, Jon Izagirre y tantos otros han tirado 8 o más meses de obsesiva preparación a la basura: caídas, desfallecimientos y enfermedades que terminan en retiro prematuro desde la etapa 1 o cuando aún falta la mitad.

Otros más laureados aún se resignan a ver que el tren del protagonismo y el antiguo éxito les empieza a dar la espalda: que están siendo reemplazados por artistas mucho más jóvenes, versátiles y sin complejos. A Sagan cada vez le cuesta más ganar; su millonario ocaso es un poema a la privilegiada impotencia. El CCC, por ejemplo hoy, desahuciado, sin patrocinador para el próximo año y con la mayoría de sus corredores sin contrato, tiró más de media etapa persiguiendo a los fugados y una vez alcanzados estos… ¡no pudo meter a nadie en el corte definitivo! El Movistar, venido a menos se debate entre un querer débil y un contundente no poder. Qué cruel es el Tour  a menudo y qué hermoso es el Tour las pocas veces que te lleva en volandas.

Los alemanes del Bora-Hansgrohe acumulan varias etapas sin premio, trabajando a muerte para controlar las fugas e intentar lanzar a su deprimida estrella eslovaca Peter Sagan,  pero a pesar de su portentoso despliegue no consiguen frutos. Los modestos invitados de la segunda división no logran justificar su inclusión y muchos con la autoestima en el suelo ni lo intentan ya. De Gendt -el rey de las fugas- ha sido abandonado de momento por su duende. Martínez e Higuita del EF, que venían volando este año, con cartel de jóvenes revelación con opciones de hacer una buena general quizás o pescar etapas, han comprobado que una cosa es cualquier carrera del mundo y otra muy distinta el Tour de Francia. Que la gran ronda francesa efectivamente intimida, apoca y sí parece morder demasiado: mucho más que las demás.

El Tour sirve para consagrar a los grandes para fijarlos en la historia, los que logran brillar aquí tienen un lugar asegurado en ella. Los que puedan sobrevivir a la enorme ansiedad, estrés y tensión que cada día provoca, los que no claudiquen, los que venzan el pánico escénico y muestren más coraje de lo normal, tendrán solamente más chances: ni eso es garantía con tan brutal competencia.

Los que puedan recuperar mejor cada noche de un ritmo que no se ve en ninguna otra parte. Los que no se desanimen cuando vean que los fulminantes ataques que les sirven en otras pruebas menores para ganar, aquí no hacen ni cosquillas a los fieros adversarios, aquí no alcanzan ni para abrir hueco. Los que no se depriman cuando vean que los gregarios del los rivales suben más que ellos mismos. Los que vengan en buena forma y comprueben (como el caso de Ces Bol) que no basta con ser muy rápido y tener el mejor tren de lanzamiento para ganarle a gente tan buena, que se pelean las etapas al sprint solos (¡y las ganan a pares!) como sucede con Caleb Ewan o van Aert. Los que siendo expertos para formar y volar en los abanicos como Deceuninck, justamente sean cortados… en la única etapa que los tuvo; los que estén considerados entre los mejores escaladores del mundo pero cuando llega la montaña no se atreven a atacar por miedo a ser alcanzados y despegados… Los que logren sobreponerse a esto tan paradójico y decepcionante, y aún así sacar lo mejor de si, tienen chances de ser parte de ese 5 por ciento de corredores que destacará o ganará algo que no sea solo experiencia.

La inmensa mayoría de ciclistas viene al Tour a sufrir: a llevarse enormes desencuentros, a pasar casi desapercibidos. A comprobar que a pesar de tan minuciosa preparación no fue suficiente, a enterrar su hasta hace poco imponente prestigio, a sepultar sueños. Pero cómo será de grande esta carrera que a pesar de todas estas penurias y dificultades, el año entrante de nuevo, todos los ciclistas más importantes del mundo, sean capos, jóvenes promesas o gregarios, se matarán una vez más para ser incluidos en el ocho del Tour y poder repetir una ilusión que casi siempre defrauda y castiga.

Pocos son los llamados, los elegidos, los tocados por una varita en la carrera más grande e importante del planeta. De momento en este Tour, se muestran con pasos de grande o se mantiene vigentes con opciones y triunfos gente como Ewan, Roglic, Pogacar, Bernal, Hirschi, van Aert… que han necesitado muy pocos Tours (o uno solo incluso), para que la carrera los acoja en su seno, les respete sus esperanzas y su calidad pueda ser mostrada al mundo llevándose premios, buenas críticas  y reconocimiento del público por ello. ¿Han notado un rasgo en común entre los protagonistas destacados?

Puede que el Tour sea benévolo con ellos y se ensañe con otros que les sobra voluntad para aguantar, pero les falta un poco de la misma para ir a la ofensiva aunque tengan calidad. Quieras que no, cuando corres el Tour con mucha ambición y atacando siempre, hay más chances de que la gloria te abra la puerta.

Con miedo, calculadora en mano, especulación y reservas se puede terminar una carrera digna en un lugar decente, pero si no tientas a la suerte -aún a costa de que puedas perder lo que tienes- nunca sabrás si podías haber sido el ganador. Hirschi venció hoy por que es muy bueno, sí, por supuesto. Pero el joven suizo ha atacado a muerte cada vez que ha podido. Contrario a lo que dicen para desanimar el heroísmo, no solo el cementerio está lleno de valientes; las páginas de la historia también se llenan con los más grandes héroes que cambiaron el mundo teniendo casi todo en contra. Cada uno escoge como espera ser recordado.

Oscar Trujillo Marín

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15 pensamientos sobre “Opinión: El Tour de Francia, ese gran triturador de sueños

  1. … por el prolífico trabajo que esta resultando la cobertura de este TdF 20, con múltiples artículos de crónica y columnas de opinión, como la propuesta, con cierta narrativa épica fruto del acontecimiento cultural y deportivo que significa, mostrándonos una competencia que ha sido regular de forma particular, mucho más emocionante que la realidad, coloreada por las palabras del autor, hace perdurar en el tiempo más el relato que el superfluo paso de la carrera. Felicitaciones.

  2. Felicitaciones Oscar, toda la razón, el factor común es que ellos, los triunfadores, se atrevieron a bailar con el diablo a la medianoche… los demás, solo se asustaron…. y como dicen los chicos jóvenes, a llorar a la lloridera…

  3. Oscar, muy buen análisis, pero con muchas inconsistencias, primero el tour es lo máximo en ciclismo, para mi el que termina el tour ya es un ganador( no hay decepción), son 22 equipos unos mas fuertes que otros, pero todos con base a esto tienen sus prioridades, como dice usted le tour solo consagra a los grandes, y estos son los que saben regularse durante 21 días, para mi no hay etapas aburridas yo dirían de transición, acá es donde disfruto mas del paisaje.. yo no e visto ganar muchas etapas al embalaje a Sagan, no entiendo lo de Higuita y Martinez si lo están haciendo bien y usted ya lo borro del tour.

  4. Muy bueno lo expuesto en este artículo, me permito discernir respecto a Martínez e Higuita ellos nunca estuvieron para la general, eso es mas trabajo de los medios y en parte del nacionalismo, sin dejar de lado que son grandes ciclistas con margen de progresión nunca estuvieron para el tour, pensaría que hasta en el EF lo sabían aún más Urán que sabe lo que es el tour. Tema aparte algo irrespetuoso decir que a De Gent se le desaparecio el duende, ese muchacho lo que gano nunca fue por suerte, independientemente si este tour está en forma o no.
    Gracias por tan buen material saludos

  5. Cualquier etapa, análisis sobre un corredor o su equipo resulta mucha más interesante bajo la letra de Oscar. Gran columnista aquí en la página, siempre con bellas entradas. Gracias por ello.

  6. Empezando por el título, el tour triturador de sueños, si ya con el solo echo de estar para la mayoría es un sueño cumplido..es que ellos Higuita y Martínez la tienen clara al día de hoy el líder es Uran..

  7. Oscar creo que al final le envías una indirecta bien directa a Nairo que dijo que atacar es como lanzar una bala al aire para que te caiga en la cabeza. Con esa mentalidad no se puede afrontar el Tour sí quieres pasar por la carrera con gran suceso. El que no arriesga no gana. Y la osadía del riesgo es proporcional a los réditos que se pueden obtener. Basta de especular y chupar rueda, mañana puede ser un buen día para arriesgar

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