Robert Gesink: El vuelo en las alturas de un ciclista nacido en los Países Bajos

Por Oscar Trujillo Marín

Robert Gesink mide 1.89m y pesa apenas 70 kilos, más o menos la misma talla y peso que tenía Bradley Wiggins cuando ganó el Tour de Francia de 2012. El espigado neerlandés perfectamente hubiera podido ser quien estuviera allí en lugar del británico, si las múltiples lesiones, caídas e inconvenientes no hubiesen cortado la progresión de un prodigioso joven nacido en los Países Bajos pero con extraordinaria facilidad para pedalear en las alturas.

El escalador del Jumbo-Visma (siempre ha corrido en esa estructura de su país, desde que era Rabobank) tuvo un comienzo de carrera fulgurante, muy prometedor. Hoy en día sigue en activo en la nueva constelación de estrellas del equipo, pero sus mejores años se han quedado atrás.

La mala suerte, múltiples accidentes, lesiones graves de rodilla, hombro, clavícula, una fractura de fémur y varias más a lo largo de los años, con el agravante de problemas cardíacos que lo han perseguido sin cesar, no le han permitido la continuidad y regularidad necesaria para acumular un palmarés a la altura de su clase natural, aunque el que tiene es realmente envidiable para la mayoría de corredores vigentes o retirados.

Robert, empezó muy fuerte su andadura como profesional: fue séptimo en la Vuelta a España de 2008 con apenas 22 años y sexto en la edición de 2009. Luego cuarto en el Tour de Francia de 2010, con 24 años, dejando siempre una imagen de mucha suficiencia para la escalada, con su aparatoso estilo que aún así, resultaba muy efectivo para llegar siempre con los mejores.

Era bastante predecible que, con esa enorme solvencia en la montaña y su talla, a poco que trabajara las cronos y ganara fondo y experiencia, iba a ser un rival temible en grandes vueltas. Sus mejores años estaban por venir.

Nunca llegaron. A veces nos olvidamos que en la mesa de la vida la suerte también juega. A partir de 2010, una sucesión sin tregua de infortunios, lesiones y enfermedades menguaron su progresión. Aparte de eso, que no es poco, unos persistentes problemas de arritmias cardíacas que le sobrevenían siempre cuando se encontraba al máximo esfuerzo en las escaladas, le empezaron a dinamitar su seguridad. De tal forma que, por recomendación médica, tuvo que parar en el primer semestre de 2014 para tratarse a fondo esta dolencia que ya que le hacía temer no por su carrera deportiva, sino por su vida.

Con todo y sus dificultades, logró ser sexto en la Vuelta a España de ese mismo año, y sexto de nuevo en Tour de Francia de 2015. Ese fue su techo. Pero ya la magia empezó a abandonarlo lentamente, entre tanto parón y contratiempos su potencia y contundencia en la escalada se fue difuminando, al ser imposible mantener esa constancia tan necesaria para forjar un campeón.

Sin embargo, cuando se retire, lo que ha ganado Robert -aparte de sus lugares destacados en grandes vueltas- no lo tendrán muchos. Aunque es evidente que ha sido poco para su enorme clase, no está nada mal: una vuelta a Bélgica, un Tour de California, un Tour de Omán, dos Giros de Emilia, dos clásicas World Tour (GP Montreal, y GP Quebec) y cinco top 7 en grandes vueltas.

En las últimas cinco temporadas ha logrado una etapa de la Vuelta a España (2016) como máximo botín, aunque desapareció del top 10 de rondas de tres semanas y se ha tenido que reconvertir en entusiasta abonado a las fugas en alta montaña, donde suele ser lastrado por su poca punta de velocidad en los remates y un poderío en la escalada cada vez más lejano.

Hoy, a sus 34 años (los cumple este domingo 31 de mayo) gracias a su gran experiencia, también sirve de ilustre gregario para el trío de figuras actuales de su equipo: Steven Kruijswijk, Primoz Roglic y su compatriota Tom Dumoulin. Gesink a los 22 años apuntaba mucho más alto que ellos a la misma edad y mucho más que el mismo Wiggins como rutero, que en ese momento tras ganarlo casi todo en pista, apenas empezaba a hacer sus primeros pinitos en carretera. El holandés tenía lo más difícil para un vueltómano: subía como los dioses de forma natural y talla para ser buen croner también; mientras tanto el británico la altura máxima que había escalado, en esos mismos años eran las mareantes colinas de Yorkshire a 300 msnm.

Los azares de la vida, una mentalidad frágil al principio de su carrera, cuando en su nación ávida de vueltómanos top desde las lejanas gestas de Zootemelk vieron en Gesink a su próximo ganador del Tour, una mala suerte increíble en las caídas, (todos los ciclistas se caen, pero nunca escoges qué te quieres lesionar), muchos traspiés de salud y demasiado tiempo perdido en convalecencias parones y recuperaciones, apaciguaron el enorme talento de un hombre de los Países Bajos nacido para brillar en las alturas.

Este deporte es demasiado duro y cruel, ser joven y poseer un talento extraordinario no garantiza nada. La suerte también juega y demasiado a veces. Para colmo, las ocasiones que Robert no ganó pero hizo lugares de honor en clásicas duras tipo Flecha Valona o vueltas de una semana montañosas, fueron demasiadas. Eso no aparecerá en sus reseñas biográficas y se irá perdiendo con el tiempo.

Wiggins un pistero laureado y de ensueño de 1.90m y 70 kilos, como él, ganó un Tour de Francia aprendiendo a subir con los mejores en menos de dos años. Gesink un escalador de raza que a los 24 años ya hizo cuarto en la general del Tour en 2010, con la misma talla y peso que el británico necesitaba solo un poco de continuidad para mejorar como rodador y en las cronos. Nunca pudo hacerlo. La diferencia entre los dos no fue ganas, ambición ni voluntad. Wiggins se cayó menos, no tuvo lesiones graves, ni parones en su carrera y tampoco sufrió del corazón. Pequeños detalles lo pueden cambiar todo.

Así funciona esto. Quien piense que ser joven y un portento físico natural basta, es que ha visto muy poco ciclismo. Robert Gesink ha sido un grande, aunque por su palmarés a muchos no le parezca. Ha volado por encima de sus posibilidades atacadas siempre por la desgracia y el dolor. ¡Enhorabuena ganso!

Oscar Trujillo Marín

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2 pensamientos sobre “Robert Gesink: El vuelo en las alturas de un ciclista nacido en los Países Bajos

  1. “subía como los dioses de forma natural y talla para ser buen croner también;” En tal caso podríamos estar hablando similarmente del caso de Bardet (1.84m y 65Kg). Me resisto a creer que su equipo no le haya trabajado puntualmente su crono. El espigado frances siempre ha sido lastrado por las cronos y no solamente hablo de su presente nivel, si no aun cuando estaba en su mejor momento. Recuerdo una imagen de frustración cuando Landa (la versión Sky que milagrosamente lo volvió bueno al reloj por 1 sola temporada) lo amenazó a 1″ del podio de Paris, en ese momento creí que para la siguiente temporada íbamos a ver al flaquísimo corredor 5kg mas potente de extremidades inferiores aun cuando su escalda se viera comprometida, pero no fue así.

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