Taylor Phinney está de vuelta

Por @pmpalermo

Taylor Phinney ha vuelto por sus fueros y en qué modo, ya que ganó la etapa cuatro del Tour de Polonia  con una auténtica exhibición, de esas que propiciaron su paso a profesionales en medio de elogios y comparaciones con el mismísimo Fabián Cancellara.

Sólo tres norteamericanos han vestido la Maglia Rosa
Sólo tres norteamericanos han vestido la Maglia Rosa

Es que lo de ayer en Katowice fue una pequeña muestra de lo que este corredor es capaz de hacer, ya que para mayores precisiones, rodó los últimos 7000 metros a 51,32 km/h en 8´11´´,  manteniendo a raya él solo a todo un pelotón.

Potente como pocos, de 23 años, producto del Trek Livestrong y reconocido pistero multicampeón para su país, se hizo popular cuando Lance Armstrong lo incorporó para el RadioShack como stagiaire.

Finalmente firmaría con BMC, y en su tercer año en la estructura, se echaban en falta este tipo de gestas de su parte, ya que si tiene atributos para algo eso son las cronos cortas, el pavé o las escapadas, merced a sus 195 centímetros y 82 kilogramos devenidos en pura potencia rodadora.

Es que el nacido en Boulder se mostró esta temporada lejos de su mejor versión, esa que en 2012  ganó el Prólogo del Giro de Italia, logró el sub campeonato Mundial contra reloj a tan solo 6″ de Tony Martin o el cuarto lugar en los Juegos Olímpicos; tal vez este sea el puntapié inicial para su recuperación definitiva y regreso al máximo nivel.

Este portento de la naturaleza arrancó el año con buen tino en Qatar, para luego perderse en el anonimato en las clásicas y el Giro de Italia, donde se retiró durante la 16º jornada, enfermo y aquejado por dolores en su rodilla y molestias ocasionadas por el sillín.

Pero antes, el de BMC protagonizó una gesta que lo pinta en cuerpo y alma cuando en el transcurso de la dantesca etapa seis de la Tirreno Adriático, un mal día, una cadena rota y un constante sube y baja hicieron que quedara en medio de un grupo de sprinters que se retiró con 130 kilómetros por recorrer; él agachó la cabeza y pedaleó en solitario para concluir último y fuera de control, tras casi 6 horas y media sobre la bicicleta.

Luego explicaría que lo hizo por su padre, el ex ciclista Davis Phinney, uno de los más grandes de la historia de Estados Unidos, quién sufre Mal de Parkinson y es su fuente de inspiración diaria, según declaró en más de una oportunidad.

Parte de la nueva generación limpia del ciclismo (se jacta de no ingerir ni siquiera un calmante para el dolor) el norteamericano no estaba transitando por una temporada decente, mucho menos si se la compara con la previa, en la que también se adjudicó el parcial final del USA Pro Cycling Challenge, cuando no, un tramo contra reloj.

Afortunadamente parece recuperado físicamente, como dejó entrever en su retorno a la actividad en el Tour de Valonia trabajando a destajo para el ganador Greg Van Avermaet, o en la etapa tres en Polonia, lanzando a Thor Hushovd hacia el triunfo.

Por eso, tras el cúmulo de problemas que atravesó durante los últimos meses, y luego de la hazaña lograda ayer, reservada para pocos por cierto, es que Taylor Phinney está de vuelta y con tan sólo 48 días de competencia en su piernas se perfila como uno de los principales animadores de fin de curso.

Pablo Martín Palermo

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